Los entresijos de la cooperación europea
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Los entresijos de la cooperación europea

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Con el patrocinio de la EDA, siete think tanks de otros tantos países han publicado a principios de este año un análisis sobre tendencias en presupuestos y cooperación en 31 países europeos. Llamativas la ausencia de centros españoles en el estudio y las escasas referencias que se hacen a España.

Desde el punto de vista de los presupuestos, el estudio concluye que las condiciones de seguridad internacionales están invirtiendo la tendencia de caída de las inversiones en defensa, que ha sido una constante especialmente acusada desde 2008. Sin embargo, se reconoce que la inversión en la tendencia se produce de forma muy desigual y que se materializa con más claridad en los países que sienten más de cerca la nueva amenaza rusa, mientras que en los del sur es menos evidente. Además, la tendencia al alza está lejos de estar consolidada, puesto que se ve condicionada por multitud de factores coyunturales de carácter político y económico.

Por otra parte, también se apunta el problema de que invertir más no quiere decir invertir mejor, algo que afecta a las estructuras internas de cada país. En este ámbito, debemos destacar algo que no se subraya en el trabajo, como es la tendencia en algunos países a materializar en documentos políticos o programas las inversiones en defensa para proporcionarlas estabilidad a medio plazo y solidez financiera que permita establecer políticas adecuadas.

Sin embargo, quizás lo más relevante del estudio sean las reflexiones en relación con la cooperación intraeuropea en varios aspectos, de los que citaremos tres.

En primer lugar, la preferencia por la colaboración a nivel bilateral o “minilateral” entre vecinos. Dejando aparte el caso de los acuerdos de Lancaster House (posiblemente los más trascendentes), el estudio menciona, entre otras, las iniciativas del grupo de Visegrado, las llevadas a cabo en los países nórdicos, la cooperación franco-alemana, que se remonta a los acuerdos del Elíseo de 1961, la colaboración naval belga y holandesa o el caso más reciente de integración de unidades anfibias y aerotransportadas alemanas y holandesas.

En segundo lugar, se menciona el papel especialmente activo de ciertos países, fundamentalmente Alemania y Polonia. Con motivaciones diferentes, sus intereses pueden haber convergido por dos vías. La primera, a través de mecanismos de cooperación con países que pretenden reducir su dependencia de materiales rusos, de lo que se habría beneficiado fundamentalmente Alemania. La segunda, como medio de promoción de una industria de defensa incipiente pero con capacidades competitivas para algunos países, una línea que se estaría favoreciendo desde Polonia.

En tercer lugar están las actividades de cooperación impulsadas desde la industria. En este punto merece la pena resaltar, como caso más destacado, las menciones expresas al proyecto Euromale, en las que no se cita a España. Otras iniciativas citadas son la colaboración franco alemana en el desarrollo de un futuro carro de combate, impulsada tras la creación de la empresa KANT, o algunas actividades en el ámbito espacial.

Las referencias a España son escasas. Así, en el ámbito de la cooperación industrial, se cita la compra a Alemania del sistema Patriot o el acuerdo marco de camiones adjudicado a Iveco como casos de cooperación bilateral, sin que, en nuestra opinión, se trate de casos que se enmarquen en actividades de cooperación bilateral propiamente dichas. Por otro lado, se menciona el refuerzo de la cooperación con Portugal, algo que pudiera responder más a un deseo que a una realidad tangible.

Aunque no se menciona en el estudio, la implicación de España ha sido muy activa en iniciativas de cooperación. Por citar solo los ejemplos que apreciamos como más destacados en el ámbito OTAN, mencionaremos que la fragata Álvaro de Bazán actúa como buque de mando de la Agrupación Permanente nº1 de la OTAN, el Ejército del Aire participa con una unidad en Estonia y unidades del Ejército de Tierra contribuyen de forma activa y protagonista en la VJTF, liderada por la BRILAT. Además, a finales del año pasado, España ha liderado el desarrollo del ejercicio Trident Juncture, jugando un papel especialmente relevante en el ámbito logístico, en el que el JLSG constituido sobre la base de la Brigada Logística del Ejército ha permitido extraer importantes experiencias y posicionarnos en cabeza para liderar iniciativas en ese campo.

Coincidimos con el informe en que la falta de liderazgo a nivel paneuropeo y la diferencia de intereses nacionales están produciendo “islas de cooperación” no suficientemente coordinadas, lo que, en último extremo, produce que no haya cooperación efectiva y que Europa siga dependiendo de Estados Unidos en muchos sistemas o capacidades críticas.

La fragmentación de la cooperación, desconectada de los objetivos de la Unión Europea, lleva a plantear la necesidad de alinear los esfuerzos desde los países (bottom up) con el marco global de los objetivos políticos de la Unión (top down).

Los estímulos a la cooperación continuarán viniendo desde diversos vectores. En primer lugar, el económico que, sin embargo, no ha sido determinante en la mayoría de los casos durante los años de crisis. En segundo lugar, desde una industria que está en reestructuración y que necesita un mercado ordenado que clarifique la demanda. En tercer lugar, y fundamentalmente, de las amenazas que han sido el factor esencial que ha llevado a establecer mecanismos y estructuras de cooperación, sobre todo en aquellos países cuyas sociedades tienen una mayor conciencia de seguridad.

En cualquier caso, desde un punto de vista nacional, habrá que determinar el lugar que queremos ocupar en el mundo, fijar nuestros propios objetivos y luego establecer estrategias de cooperación. Lo que nuestros vecinos italianos han hecho con la publicación de su libro blanco de seguridad y defensa a mediados de 2015.



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