El mundo se prepara para el retorno de los conflictos localizados
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El mundo se prepara para el retorno de los conflictos localizados

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Los problemas de seguridad en el entorno inmediato de muchos países están impulsando el crecimiento en sus gastos militares. A la vez, las naciones más comprometidas con la seguridad global mantienen estancados sus esfuerzos en defensa. Estos fenómenos muestran un mundo conformado por estados cada vez más preocupados por las amenazas de su geografía más próxima, a la vez que proliferan los adversarios asimétricos, como el terrorismo y el crimen cibernético.

En un futuro inmediato, los tradicionales garantes del orden mundial –países como Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Australia y Canadá– tendrán muy difícil continuar con sus actuales niveles de compromiso global. A menos que aumenten la eficacia de sus gastos, un reto que ya están confrontando.

Ante este panorama, las colaboraciones militares internacionales se van configurando con más fuerza en torno al desarrollo de costosas armas principales –el F-35 es un ejemplo– y con menos impulso sobre misiones conjuntas, como las que años atrás se han desarrollado en Irak y Afganistán.

Estas son algunas de las conclusiones que inspira el nuevo mapa de la defensa mundial trazado por la consultora PriceWaterhouseCoopers (PwC) en su reciente trabajo Perspectivas de defensa global.

El trabajo evalúa el impacto internacional de 60 países para desentrañar los desafíos a los que deben enfrentarse los líderes de defensa. Estas naciones se engloban bajo seis segmentos distintos, según su lugar en la seguridad mundial.

Estados Unidos y Rusia se sitúan como los únicos países con una capacidad de ‘proyección de poder global’. Sus gastos militares superan el 3 por ciento de sus economías y “están muy comprometidos con los esfuerzos de seguridad a escala mundial”. Son el punto más alto de la pirámide.

En el siguiente segmento, con una ‘proyección de fuerza restringida’, se sitúan Australia, China, Francia y Renio Unido. Todos ellos dedican entre el 1 por ciento y el 3 por ciento del PIB en sus fuerzas armadas y están muy comprometidos con la defensa. Sus capacidades les permiten desplegarse o ejercer influencia en la mayoría de regiones del mundo. Se trata de países con un papel de liderazgo en coaliciones para operaciones internacionales o bien protagonizan importantes transacciones internacionales de armamento, o ambas cosas a la vez.

La tercera escala del mapa comprende a aquellos países dotados de una ‘robusta autodefensa’. Emplean notables porcentajes de gastos militares –por encima en todo los casos del 3 por ciento de sus respectivas economías–, aunque están enfocados a la seguridad de su entorno geográfico más cercano y pocas veces toman parte en coaliciones multinacionales, encabezadas por la ONU o no. Aquí se incluye a Angola, Arabia Saudí, Argelia, Bahréin, Colombia, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Israel, Kuwait, Marruecos, Omán, Pakistán, Singapur, Siria y Ucrania.

Otro grupo, de 17 países, lo componen aquellos que emplean menos del 1,5 por ciento del PIB y también están enfocados a la seguridad en su entorno geográfico inmediato, aunque muchos contribuyen de alguna manera a los esfuerzos de mantenimiento de la paz de la ONU o de otro tipo de misiones conformadas por coaliciones multinacionales. Cuentan en la mayoría de los casos con organizaciones de defensa maduras, aunque modestas. Sus gastos militares se centran sobre todo en la preparación de unas fuerzas con las que enfrentar problemas de seguridad internos o con sus vecinos. Son Argentina, Austria, Bélgica, Brasil, Dinamarca, Finlandia, Indonesia, Japón, Letonia, Lituania, México, Nueva Zelanda, Noruega, Filipinas, Sudáfrica, Suiza y Venezuela.

Con un nivel de gasto equivalente al anterior segmento, pero, en cambio, muy comprometidos con la seguridad global, se enumeran seis países: Alemania, Canadá, España, Italia, Países Bajos y Suecia. Son ‘socios de coalición’ dotados de modestos presupuestos de defensa y aliados, todos ellos menos Suiza, de la OTAN. Se trata de miembros clave de distintas coaliciones de seguridad internacional, si bien raramente las lideran. Sus organizaciones de defensa son modestas, pero muy maduras y capaces, con fuerzas militares creíbles. Sus soldados se despliegan en el exterior con regularidad, aunque en los últimos años están luchando por mantener su preparación tras los descensos generalizados en los presupuestos de defensa.

El último segmento está conformado por aquellas naciones ‘enfocadas a amenazas a su autodefensa’. Emplean entre el 1,5 y el 3 por ciento del PIB con este objetivo, y están preocupados en su seguridad respecto a su entorno geográfico próximo. Muchos contribuyen a operaciones multinacionales, aunque por lo general no despliegan grandes fuerzas en otros países. El grueso de sus gastos busca responder a amenazas específicas de un solo país. Son, Chile, Croacia, Egipto, Estonia, Grecia, India, Irán, Malasia, Portugal, Polonia, Catar, Corea del Sur, Taiwan, Tailandia, Turquía y Vietnam.

La tendencia hacia un mayor peso en los gastos de defensa de los actores preocupados por las amenazas más cercanas se refleja en el gráfico a través de la abundancia de círculos verdes en su mitad inferior. La mayoritaria presencia de círculos rojos en la zona superior, al contrario, muestra el estancamiento en los esfuerzos militares de aquellos países con una visión más global.

El análisis de PwC se enmarca en un momento en el que el mundo “se enfrenta a una miríada de amenazas que varían notablemente, tanto en alcance como en tamaño”. Así, se refiere a amenazas entre vecinos de largo recorrido, como las que tensionan la península de Corea y el subcontinente indio.

Pero los cambios han llegado sobre todo a partir de ataques terroristas como los que sufrió Estados Unidos en 2001 y los más recientes a una escuela en Kenia y en París. Con ellos se evidencian los peligros que plantean lo que el documento denomina “adversarios asimétricos con capacidades destructivas y perjudiciales que son más difíciles de detectar y derrotar a través de medios y planteamientos convencionales”.

A todo ello se suman los desafíos en el gasto que encaran muchos países occidentales tras una década de recortes presupuestarios en Defensa.

Al tiempo, en otras zonas del globo, “una agresiva China o una revanchista Rusia”, plantean importantes retos a la seguridad de países como Japón y Polonia, respectivamente. En el caso de Ucrania, la amenaza se concreta en un conflicto que se está enquistando.

En Oriente Medio, destaca el informe, los estados del Golfo, como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán, Catar, y Bahrein, “están en el centro de un vecindario regional cuya estabilidad ha estado decreciendo en los últimos años”. Las tensiones en la zona se ven espoleadas, con “un gran impacto”, por los “abiertos desafíos de Irán y la inestabilidad en naciones vecinas (por ejemplo en Yemen, Siria e Irak), agravados por la disminución en los precios del petróleo”.

Por último, en la configuración del nuevo panorama también sobresale la tendencia que están siguiendo países como Brasil y la India de impulsar a través de sus gastos militares una base industrial de defensa con la que crear tecnologías de seguridad nacional propias.

Todo ello ya debe ser tenido en cuenta por los grandes tomadores de decisión de la defensa mundial. Desde las compras hasta el establecimiento de nuevas alianzas se habrán de configurar alrededor de un panorama muy distinto al que se observaba a principios de siglo, no hace tanto tiempo.



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