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Nuevo submarino de la Armada española

Programa S-80, 17 años de tesón hasta lograr todo un hito tecnológico


Historia del Programa S-80


24/04/2021 | Madrid

B. Carrasco

En marzo de 2004, el Ministerio de Defensa, dirigido entonces por Federico Trillo, y la empresa Izar Construcciones Navales (hoy Navantia) firmaban la orden de ejecución de los cuatro submarinos de la serie S-80. De esta forma, España se embarcaba en un ambicioso y complejo programa para diseñar y construir por primera vez un buque de este tipo. En las décadas anteriores, los astilleros públicos españoles habían trabajado en proyectos de construcción de submarinos a través de una alianza con la empresa francesa DCN, responsable del diseño.

De esta asociación salen los cuatro sumergibles de la serie S-70 (Galerna, Siroco, Mistral y Tramontana), de los que dos todavía están en servicio actualmente. Para el programa S-80, España toma la decisión de trabajar en solitario. El camino -como veremos- no ha sido fácil y ha estado lleno de contratiempos, pero, 17 años después, el primer submarino de la serie, el Isaac Peral, está terminado y listo para iniciar las pruebas de mar.

Hay que remontarse a los años 90 para encontrar los inicios del programa S-80. A principios de esa década, la Armada comienza los primeros estudios. Casi diez años más tarde, ve la luz el proyecto definitivo después de varias revisiones para introducir nuevos requisitos como el sistema de propulsión independiente del aire (AIP) o la capacidad de ataque a tierra. El Gobierno da el visto bueno al programa en septiembre de 2003, lo que permite la firma de la orden de ejecución al año siguiente.

En un principio, el proyecto tenía un presupuesto de 2.135 millones de euros y preveía la puesta a flote de la primera unidad en 2011 y la entrega a la Armada en 2013. El astillero de Navantia en Cartagena inició en 2005 los trabajos de construcción del S-81 y, cinco años después, en 2010, los cuatro submarinos contratados estaban en diferentes etapas de producción en el taller.

Problema de pesos

 

Todo marchaba según lo previsto, con algunos retrasos lógicos. Sin embargo, en 2012 saltan todas las alarmas. A finales de ese año, Navantia detecta un exceso de peso en el submarino que obliga a un proceso de rediseño con el apoyo de la empresa estadounidense Electric Boat y la Marina de Estados Unidos. Cuatro años de duro trabajo dieron como resultado el S-80 Plus, un nuevo submarino con diez metros más de eslora (hasta los 80,81 m), respecto al diseño original, como principal novedad, y un desplazamiento en inmersión de 3.000 toneladas.

Este contratiempo puso de manifiesto la complejidad del programa y los desafíos técnicos asociados al diseño y construcción de un submarino a la vanguardia tecnológica. Pero, al final, el proyecto salió reforzado del bache. En julio de 2016, el Ministerio de Defensa anunció la aprobación de la Revisión de Diseño Crítico (CDR). Este hito clave demostró que el diseño del nuevo S-80 Plus ya estaba suficientemente maduro para la construcción, integración y pruebas del buque y sus sistemas.

Los retrasos también afectaron a la AIP. España se decantó al inicio del programa por un innovador sistema basado en un reformador de bioetanol, que genera hidrógeno, y una pila de combustible. En la CDR, el ministerio apostó por desligar el programa de obtención de la propulsión AIP del programa de construcción de los buques. La principal consecuencia de esta decisión es que los dos primeros submarinos de la serie no contarán con el nuevo sistema, sino con una propulsión diésel convencional. No obstante, tantos los buques como el futuro sistema AIP estarán diseñados para facilitar la instalación durante la primera gran carena.

Aumento del presupuesto

 

Tras dejar atrás los problemas, Navantia puso el foco en completar la construcción de la primera unidad y el calendario de entregas fue redefinido. El Gobierno además dio luz verde en 2018 a una inversión de 1.771 millones de euros para completar la serie de cuatro submarinos, lo que elevó el presupuesto del programa hasta los 3.900 millones de euros.

En diciembre de 2019, la compañía completó el cierre del casco resistente del Isaac Peral e inició la cuenta atrás para su puesta a flote, prevista en un principio para octubre de 2020. Sin embargo, la pandemia de la Covid trastocó estos planes y obligó a posponer a abril de este año la entrada en el aguda del buque. Fecha que ya no se movería más.

Los próximos pasos serán las pruebas en puerto y en mar abierto. Las primeras se prolongarán durante nueve meses aproximadamente. Después, si todo marcha según lo previsto, en el primer trimestre de 2022 darán comienzo las pruebas de mar. Esta será la última fase de pruebas y durará en torno a un año. La entrega del submarino a la Armada está prevista para febrero o marzo de 2023.

Según el calendario que maneja el Ministerio de Defensa, los tres restantes (S-82 Narciso Monturiol, S-83 Cosme García y S-84 Mateo García de los Reyes) se incorporarán a la lista de buques operativos con una cadencia de uno cada dos años en diciembre de 2024, octubre de 2026 y febrero de 2028, respectivamente. Defensa subraya que estos plazos se consideran “realistas, cumplibles y de bajo riesgo”.

 

 

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