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Análisis Infodefensa

Estrecho de Magallanes: una conexión bioceánica

Estrecho de Magallanes. Foto: Armada de Chile

Estrecho de Magallanes. Foto: Armada de Chile

11/11/2020 | Punta Arenas

Sebastián Palacios

Navegar por este accidente geográfico del continente Sudamericano, que une las aguas del océano Pacífico con las del océano Atlántico, ha sido y seguirá siendo un desafío para cualquier navegante sin importar el paso del tiempo ni los avances tecnológicos con los que cuentan las embarcaciones que actualmente surcan estas aguas australes.

Las aproximadamente 310 millas náuticas que unen la boca occidental con la boca oriental del estrecho se caracterizan por ser de una climatología y configuración orográfica muy agreste y adversa para el navegante, que desde su descubrimiento hace 500 años ha quedado manifestado en las bitácoras que describen las travesías. Ejemplo de esto es lo que escribiera el capitán de navío Antonio de Córdova en 1787: “Su clima es el más severo del universo y se ha reunido en esta región cuanto de malo hay en la naturaleza”. O lo que subrayara el historiador de la escuadra del Comodoro Anson durante su campaña de corso por el mar austral a mediados del siglo XVIII: “Las más terribles y pavorosas tempestades que es posible concebir”. 

Así como ellos, los buques que en la actualidad cruzan por el Estrecho de Magallanes, además de lidiar con la meteorología y la geografía, se enfrentan a un tráfico y una actividad marítima considerable, donde anualmente navegan más de 2.000 naves y que este año, pese a la pandemia, no ha disminuido su flujo.

En el estrecho se pueden distinguir dos tramos bien definidos: la región occidental, que va desde cabo Pilar hasta el cabo Froward, lugar que marca el punto geográfico más austral del continente; y la zona oriental, que va desde este punto hasta el Faro Punta Dungenes, bastión de la soberanía nacional, que con más de 121 años ha sido una ayuda fundamental a la seguridad de la navegación en la entrada este del Estrecho de Magallanes.

El tramo occidental, se caracteriza por ser angosto, con costas de rocas abruptas e inhóspitas, por la presencia permanente de mal tiempo, con vientos que promedian los 30 nudos, pero que fácilmente alcanzan más de 50 y por haber pocos fondeaderos que brinden seguridad a las embarcaciones, con excepción tal vez de Bahía Fortescue, que fue utilizado por Hernando de Magallanes para esperar el resultado de la exploración de avanzada que vería la salida hacia el Pacífico y lugar donde se realizaría la primera misa católica en lo que actualmente es territorio chileno.

Hacia el Este de cabo Froward, el canal es más ancho, con excepción de dos angosturas, donde son determinantes los cambios de marea que provocan fuertes corrientes, es de configuración más plana, con buenos fondeaderos y es predominado por vientos que suelen sobrepasar los 50 nudos, son muy habituales las cerrazones por nieve y nieblas.

Dadas las extremas condiciones para la navegación, la Armada de Chile ha desplegado un extenso sistema de seguridad y regulación del tráfico marítimo, que van desde estaciones de radar, hasta toda una red de ayudas a la navegación, con moderna señalización marítima que entrega información meteorológica, mareas, corrientes y tránsito de otras embarcaciones, que permiten el cruce del Estrecho en toda su extensión tanto de día como de noche.

Quienes tienen la suerte de navegar por estas aguas, no deben olvidar la gran cantidad de buques y vidas que se han perdido desafiando la naturaleza de la región austral de Chile, que solo la voluntad indómita y decidida de los exploradores de antaño, venció la adversidad y lo imposible, logrando la empresa monumental de unir los océanos Pacífico y Atlántico.

Por último, debemos recordar permanentemente que el Estrecho de Magallanes es indudablemente chileno desde mediados del siglo XVI, y tiene una importancia fundamental para el país, puesto que nos permite tener una posición y ruta de privilegio para el nuevo eje oceánico que se presenta en el Pacífico y por sobre todo, porque es la principal puerta de acceso a nuestro territorio antártico.

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