La guerra en África III
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La guerra en África III

F-16C Block 52 de Marruecos en una maniobra de reabastecimiento en vuelo. Foto: USAF
F-16C marroquí. Foto: Usaf
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Viene de 'La guerra en África II'

El conflicto de África y la seguridad de España

¿Debemos considerar que la situación de seguridad de España se ha deteriorado en los últimos meses hasta el punto de que se deba convertir en un punto principal de la agenda política? Una rápida ojeada nos permitirá obtener una respuesta.

En primer lugar España es miembro de la estructura militar de la Alianza Atlántica, y por tanto este hecho, por si solo, tiene una incidencia directa sobre nuestras necesidades de defensa, al multiplicarse los posibles escenarios de amenazas como podemos ver en la actualidad en Ucrania. En el sur, tenemos dos países que han roto relaciones diplomáticas entre ellos, y que han retirado sus embajadores de Madrid en un plazo relativamente corto de tiempo. Además, estos dos países están enfrascados en la mayor carrera de armamentos de este siglo. Al sur de estos dos países el caos, como he venido comentando con anterioridad.

Marruecos ha ejecutado acciones hostiles contra nuestra seguridad en el último año, desde apropiaciones de territorios marítimos para explotaciones, flujos de 'asalta-fronteras' organizados por el gobierno alauita en Ceuta, cierre de fronteras terrestres y marítimas y ahora perforaciones petroleras en el Atlántico frente a las Islas Canarias. Argelia, también con un régimen democrático que está muy lejano de nuestros estándares europeos, no solo dispone de submarinos con capacidad de lanzar misiles Kalibr que llegarían hasta Madrid, sino que se ha dotado de misiles Iskander y de aviones rusos de quinta generación. A ello se une su alianza político militar con Moscú, con quién realizará maniobras conjuntas en la frontera de Marruecos en noviembre. Como principal proveedor de gas para España, ha reducido la capacidad de transporte significativamente cerrando el gaseoducto que cruzaba Marruecos, y además ha renegociado al alza los precios del gas que nos vende, mientras pacta acuerdos estratégicos de suministro con Italia, y todo esto en el entorno de un posible embargo al gas ruso que abastece media Europa.

A ello se une la guerra civil en Libia que dura ya bastantes años y que afecta a nuestra seguridad energética. No podemos dejar de lado los contenciosos en clave interna que también tienen una connotación de seguridad. Es decir, podemos considerarnos en la actualidad, juntos a los países del Este de Europa, en el semáforo rojo de la inseguridad europea.

Todos los acontecimientos recientes que están ocurriendo en África, que he analizado con anterioridad tienen un impacto directo en nuestro flanco sur dejando a España en una compleja encrucijada. Marruecos se ha convertido en el principal aliado de Estados Unidos y ha establecido relaciones diplomáticas con Israel que se ha convertido en un proveedor militar de productos de última generación.

Argelia, el principal proveedor de gas en el Mediterráneo Occidental, es un firme apoyo de Rusia en su agresión contra Ucrania y el principal aliado militar en la región de Moscú. La creciente presencia de las tropas de Wagner en Mali, que ha llevado a la expulsión de las tropas francesas y españolas de este complejo teatro de operaciones y la potencial ubicación de una base rusa en el Mediterráneo, llevaría al cada vez más autoritario gobierno de Argel a ser la punta de lanza de Putin en la región y Wagner tendría las manos libres para apoyar a grupos terroristas y nacionalistas que operan en la zona.

España ha modificado recientemente su posición respecto de estos tres actores de una forma radical; reconoce la soberanía marroquí sobre la excolonia española, sin que sean evidentes las contrapartidas de este cambio. Esto ha trastocado totalmente nuestra relación con Argelia que ya está impactando en el precio del gas así como en la cantidad de suministro, más allá de quebrar un consenso político histórico en España.

Un análisis más detallado de la situación exige fijarnos en las relaciones político-militares de los tres países; el contexto económico regional y las implicaciones de los anteriores en la seguridad de nuestro país.

Las relaciones político-militares

La rivalidad entre Argelia y Marruecos ha hecho saltar todas las alertas. Hace unos meses, Marruecos retiraba su embajador tras la acogida al líder del Frente Polisario en España, emprendiendo una acción de castigo contra nosotros, enviando a Ceuta miles de marroquíes que asaltaron la frontera de forma coordinada, entre ellos muchos menores, con el fin de desestabilizar al gobierno español, que se vio obligado a desplegar el Ejército para contener la invasión. Hace apenas unas semanas y como consecuencia de la nueva postura española, se han restablecido las relaciones y el presidente del gobierno viajó a Rabat en una señal de distensión, conociéndose solo las ventajas para Marruecos de la nueva situación.

España ha pasado de defender el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, a reconocer la soberanía de Marruecos negando lo anterior; la letra pequeña no oculta este significativo cambio que va a permitir la apertura de la frontera, pero que no resuelve ninguno de los contenciosos que nos afectan.

Este cambio va a permitir comunicaciones directas tan importantes entre nuestros dos países pero nos ha abierto un frente nuevo, sin que tengamos nada claro que el primero esté cerrado del todo. La principal arma de desestabilización que Argelia tiene sobre Marruecos es el Frente Polisario, que mal vive en los campamentos de refugiados de Tinduf y que para Argelia no tienen otro sentido estratégico que dotarse de un acceso al Atlántico rodeando a Marruecos. No existe ninguna razón humanitaria detrás de esta estrategia argelina. El aliado de Moscú apoya a un grupo armado de orientación marxista leninista que ambiciona limitar la capacidad económica y militar de Rabat, para satisfacer intereses estratégicos que también nos son muy negativos, al amparo de unas reivindicaciones legítimas, que no podemos eludir.

En la actualidad se estima que hay unos 175.000 refugiados en la zona de Tinduf; las continuas sequías, la reducción de las ayudas por la pandemia así como las enfermedades han creado una catástrofe humanitaria enorme; el gobierno de Argel se niega a que estos refugiados abandonen la zona con el fin de mantener la presión sobre Marruecos y evitar que puedan acceder a las ciudades de la costa. Mientras, los jóvenes saharauis llaman a radicalizar la lucha armada contra Marruecos. Bachir Mustapha, asesor de Ghali, promete una segunda fase de lucha con ataques terroristas indiscriminados contra intereses de Marruecos, idea que también ha expresado el jefe del ejército Polisario Mohamed Wali Aleik.

En este contexto de crisis regional creciente, los programas de modernización militar de Marruecos y Argelia, añaden elementos de tensión que exceden del enfrentamiento vecinal y que afectan de lleno a nuestra seguridad. Marruecos se ha convertido en el mejor cliente militar de Estados Unidos, y aliado de Israel; Argelia el mayor de Rusia, con un elemento diferencial; sus adquisiciones son todas de primer nivel tecnológico, compitiendo directamente con los equipamientos de la gran mayoría de los países de la OTAN en cuanto a sus capacidades.

Si en el quinquenio 2017-2022 Marruecos gastó casi 20.000 millones de dólares con la adquisición de numerosos sistemas y capacidades como fragatas, aviones de combate F-16 block 70 y 36 helicópteros AH-1E Apache, para el periodo 2023 -2027, esta cantidad superará los 25.000 millones y conllevará entre otras la compra de aviones F-35, submarinos Scorpene, fragatas FREMM, sistema BARAK MX de defensa aérea y contra misiles. Y, en el horizonte, el sistema Iron Dome de protección frente a ataques con cohetes que tanto éxito ha tenido en Israel, ocho aviones de patrulla marítima, seguramente el ATR72-MPA, 7 patrulleras rápidas de Turquía clase Alawi y una corbeta Clase Ada, también de los astilleros turcos Gülkük, superando en numerosas capacidades a las fuerzas armadas españolas. Es decir al final de la década Marruecos dispondría de una flota mixta de F-16 bloque 70/72 y F-35 cercana a las 72 unidades, de siete fragatas y dos corbetas y posiblemente submarinos Scorpene; una flota de unos 200 carros M1A y 36 helicópteros Apache AH-64 E, y unas amplias capacidades en drones y sistemas de defensa antiaérea, con un presupuesto que este año, sumando las dotaciones del fondo de inversiones supera los 7.000 millones de dólares, más del 6% del PIB.

Pero más graves para nuestra seguridad son las capacidades y reciente adquisiciones de Argelia. Sus dos elementos más perturbadores son los cuatro submarinos 636 de fabricación rusa más dos unidades que llegarán en breve, a los que se suman los dos modernizados clase 877. Estos submarinos, con muy escasa señal, son capaces de permanecer bajo superficie 45 días e incorporan cuatro misiles Kalibr. Este arma es sin duda la mayor amenaza a nuestra seguridad. Se trata de un misil de crucero con un alcance de 2.600 kilómetros y mach 3, capaz de transportar una cabeza nuclear a mil quinientos kilómetros de distancia. Un pequeño cambio en el escenario estratégico mundial, en especial considerando el conflicto de Ucrania, y nos podemos encontrar con la amenaza de Putin bajo nuestro país, misiles que podrían ser lanzados desde nuestras costas sin la más mínima capacidad de respuesta.

El segundo sistema desestabilizador es el avión de combate SU-57, la joya de la corona de la aeronáutica rusa. Rusia ha otorgado a Argelia el privilegio de ser el único operador de su avión con las catorce unidades adquiridas y un número similar que podría llegar posteriormente. Resulta difícil comparar las capacidades de los aviones de quinta generación, pero según los diversos análisis tanto el Rafale, como el F-35 y Eurofighter serían inferiores; solo el F-22 tiene una cierta superioridad sobre el caza ruso. Argelia dispondrá de seis escuadrones de cazabombarderos modernizados y dos alas de una generación anterior, más los sistemas Iskander, que están siendo utilizados por Rusia en Ucrania. A ello se une una potente flota de helicópteros de combate, aviones de transporte y de patrulla marítima, helicópteros navales EH-101, seis corbetas de reciente adquisición en China y Rusia y dos fragatas Meko A-200, y una flota de carros de combate que supera el millar. Argelia destina casi un 6% de su PIB a defensa y un presupuesto de 10.000 millones de dólares.

Tanto Marruecos como Argelia dedican a modernización cantidades sensiblemente mayores que España, y esta es una tendencia que se agudizará en los próximos años.

El contexto económico regional

A pesar de la relevancia militar y estratégica que tienen Argelia y Marruecos para España, su importancia económica es muy inferior. El PIB de ambos países es el 10% del español con un PIB per cápita que es diez veces menos que el español, aunque sus poblaciones no están tan distantes. Desde el punto de vista comercial Marruecos es mucho más relevante para España aunque las exportaciones no alcanzan los 8.000 millones de Euros y las importaciones unos 6.000 millones. Más importante es el stock de la inversión española en el país alauita que asciende a unos 2.000 millones de Euros. Con Argelia el volumen comercial es la mitad, y el 90% de las importaciones españolas son de gas. No obstante, España está reduciendo paulatinamente su dependencia del gas de Argel, que en 2022 será un 30% inferior a 2018, mientras que Estados Unidos ha multiplicado por quince su suministro de gas licuado.

El gasoducto Magreb Tánger que abastecía a España y Marruecos, fue definitivamente cortado por las autoridades argelinas en noviembre pasado, de manera que ahora nuestra supervivencia económica depende de un tubo de sesenta centímetros de diámetro desde Beni Saf a la playa del Pedregal en Almería. Por mucho que se incremente su caudal, la reducción del suministro de gas a España es una realidad que nos conduce a buscar gas licuado en otros mercados con un coste mucho más significativo, sin entrar en otras consideraciones estratégicas.

En las últimas semanas y como consecuencia del radical cambio de postura español con Marruecos, Argelia ha notificado una revisión de los precios del suministro de gas a España, y estará por ver si no se producen cortes si la situación se tensa. Claramente con Marruecos existen mucha más sinergias económicas y comerciales y un flujo de personas que es muy significativo, comparado con la escasas relaciones que existen con Argelia.

Implicaciones para la seguridad española

Ante todo este escenario de tensión y amenaza, España tiene tres opciones:

a) Aislarse del problema, lo que exigirá un reforzamiento de capacidades militares.

b) Optar por una alianza con Marruecos o Argelia y esperar a ver por dónde vienen las tortas.

c) No hacer nada.

Dentro de este caos existen dos elementos perturbadores. Por una parte, que Argelia accediera a los deseos de Rusia de instalar una base naval en su territorio a apenas unos doscientos kilómetros de España, lo que cobra sentido después de las amenazas de Putin en relación con la ampliación de la OTAN y la posible instalación de bases con misiles en las fronteras de la OTAN, y que los paramilitares rusos de Wagner reciban soporte desde Argelia para sus operaciones en Mali, lo que significaría la presencia de estos mercenarios en la frontera entre el Sahara, Mali y Argelia.

Para hacer frente a estas amenazas y mantener la superioridad militar regional deberíamos reforzar nuestra superioridad área con aviones F-22, necesitamos sobre todo mayor capacidad de defensa antiaérea y contra misil, y patrulla marítima; adquirir la capacidad de lanzar misiles desde submarinos y recuperar el grupo aeronaval de combate. Esto unido a las importantes capacidades existentes nos deberían permitir mantener un liderazgo regional básico para disuadir a nuestros vecinos de aventuras que nunca le podrían salir bien si hacemos bien los deberes.

Claro que todo esto sirve de poco si cuando comiencen los problemas de verdad y tengamos a decenas de miles de refugiados llamando a las puertas de Europa, les abrimos las puertas, porque entonces toda esta política se iría al traste, o si cedemos a chantajes de grupos que buscan más desestabilizar la región que la paz y seguridad.

Los cambios políticos en países como Mali, van a hacer prácticamente imposible desplegar tropas europeas y españolas en el Sahel, tampoco tiene sentido mantener misiones de formación cuando los países beneficiarios han reclutado mercenarios para las mismas labores; está claro que estos dos sistemas de formación no pueden coexistir. La acción militar quirúrgica podría implicarnos en ataques con víctimas civiles e inclusos de militares rusos lo que no resultaría muy recomendable. No tiene mucho sentido insistir en proveer seguridad a unos países cuyos gobiernos se desentienden de los intereses europeos. Son tantos grupos terroristas con tantos los líderes, que resulta imposible descabezar a estos grupos con unos cuantos drones, por lo que la eficacia de estas misiones sería muy limitada en relación con los posibles riesgos y costes.

España necesita aislarse del conflicto regional entre Argelia y Marruecos. Necesitamos a los dos países como el comer. Una política podría ser no hacer nada, y esperar; sería como esperar que nos toque el gordo sin comprar un décimo. El conflicto del Sahara es una cuestión menor para Argelia, que mantiene vivo esta reivindicación para meter presión a Rabat, conocedor de que no habrá un estado independiente en el Sahara. Hay que darle una oportunidad a los saharauis dentro de una amplia autonomía para vivir en prosperidad y abandonar los campos de refugiados donde son utilizados al servicio de unos intereses que les son ajenos. El gran crecimiento de Marruecos y su orientación prooccidental son claves a la hora de dictaminar dónde debemos estar y se encuentran nuestros mayores intereses. Sacar a Argelia de la órbita de Rusia, evitando que se instale una base permanente o que Wagner acuda en socorro de los saharauis, resultará crítico. El régimen argelino profundamente nacionalista no puede dejarse llevar en una espiral contrario a sus intereses y debe profundizar en sus relaciones con España y Francia, devolverse a la senda de la estabilidad política y alejarse de cantos de sirena que no le llevarán por el buen camino.

España dispone de un gran potencial económico para ser un actor principal en este proceso de estabilización de la región, y en atraer Argelia a lo que son sus relaciones tradicionales con los países ribereños. Es esencial para nuestra seguridad y estabilidad, tomarse en serio el problema y convertirse en actor principal para la defensa de nuestros intereses nacionales, ya que en algunos casos pudieran existir matices diferentes con los intereses de Francia o Italia.




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