La guerra en África II
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La guerra en África II

Reclutas de la mision de entrenamiento de la ue en republica centroafricana
Reclutas de la misión de entrenamiento de la UE en República Centroafricana. Foto: EUTM RCA
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Viene de: 'La guerra en África I'

La situación política y el desembarco ruso

Podemos afirmar que la estabilidad política no ha sido una constante en la región, pero teniendo en cuenta el contexto la podíamos considerar aceptable. Sin embargo, los acontecimientos de los últimos años están transformando radicalmente el escenario; y lo que es más grave para nuestros intereses, que la inestabilidad se ha instalado en gran parte de los países ribereños del Mediterráneo.

El más importante de todos por su capacidad militar y su producto interior bruto, Argelia, está sufriendo una involución política que no promete nada bueno. Los partidos políticos que promovieron el movimiento Hirak contra el histórico Buteflika, están siendo ilegalizados a golpe de decreto por el gobierno, incluyendo movimientos históricos. El propio Partido Socialista de los Trabajadores habla de una deriva totalitaria del presidente Tebboune tras la condena a dos años de prisión del coordinador nacional Fethi Ghares por “minar la unidad nacional”. El Movimiento por la Cultura y la Democracia recibió el seis de enero la orden de cese de actividades después de haber albergado una reunión de toda la oposición el pasado 24 de diciembre. Cada vez resulta más evidente el predominio del Ejército argelino en las decisiones políticas del país y habrá que seguir con atención cuáles son sus próximos pasos. En el marco de la guerra en Ucrania, Argelia, que se ha abstenido de condenar la invasión rusa, se ha convertido en un elemento esencial de nuestra seguridad. El anuncio de las mayores maniobras argelinas en este contexto en la frontera de Marruecos ha generado mucho temor de que Marruecos y Argelia se vieran enzarzadas en un conflicto militar para distraer la atención sobre Rusia.

Incluso en la apacible Túnez, las circunstancias se están tornando inestables. El actual presidente Kais Said ha aplazado las elecciones mientras es acusado por la oposición de un golpe de estado apoyado por Arabia Saudita, mientras que algunos observadores añaden el apoyo de Israel para ayudar a controlar a los elementos islamistas radicales, como ya ocurrió en Egipto hace unos años, tratando de impedir una extensión del conflicto libio a sus vecinos.

Nadie podía sorprenderse de que las elecciones en Libia se retrasaran un mes el pasado 24 de diciembre y tampoco sería extraño que el retraso fuera definitivo. A pesar del nombramiento impulsado por ONU de un consejo presidencial tripartito no existe suficiente voluntad entre todos los actores para promover una transición democrática. La ausencia de un mecanismo legal para el proceso, es uno de los obstáculos principales hasta el punto de que un juez local ha permitido la candidatura de un hijo de Gadafi, que fue negada por la autoridad de transición. Los enfrentamientos entre los líderes y, en particular, entre el general Haftar apoyado por Rusia, que mantiene su desobediencia y su capacidad militar, y el primer ministro, el islamista Dbeibah apoyado por Turquía, que concurre a las elecciones sin haber abandonado su posición en el consejo de transición, auguran una nueva fase del conflicto civil que asola Libia desde hace diez años al que contribuirán, como indicó la representante de ONU en Libia Stephanie Williams, los 20.000 combatientes extranjeros, principales mercenarios desplegados en Libia.

Pero donde los acontecimientos políticos están produciendo un mayor foco de atención es en Mali. Francia cerró su destacamento de Tombuctú y no fue el primero. Antes clausuró los de Tessalit y Kidal. Mientras, unos 400 mercenarios rusos de la compañía Wagner están ya al norte de la localidad de Ségou, en el centro del país, como consecuencia de los nuevos acuerdos entre los golpistas y Putin. La sombra del fracaso de Afganistán se proyecta sobre el Sahel, donde las tropas francesas frenaron en enero de 2013 el arrollador avance yihadista, sin grandes logros desde entonces.

El presidente Emmanuel Macron había anunciado en julio pasado que, al finalizar 2022, los 5.100 efectivos se habrían reducido en un 40 %, pero la orden de expulsión de todas las tropas occidentales ordenadas por el nuevo gobierno ha supuesto un jarro de agua fría. Macron ha reconocido el cansancio de la opinión pública francesa ante una misión a la que no se veía final ni progresos sobre el terreno. Al contrario, el yihadismo, antes concentrado en el norte de Malí, se ha extendido por toda la región y los paramilitares de Wagner comienzan a imponer su ley en las zonas antes dominadas por terroristas.

La ministra de Defensa francesa, Florence Parly, remitió en octubre pasado una carta a las autoridades malienses en la que sugería un ultimátum si no deshacían su acuerdo con Wagner. Ni Margarita Robles ni su homóloga italiana suscribieron la misiva, a la que se sumaron varios ministros europeos. España comparte la preocupación por la llegada de los mercenarios, pero quiere evitar la ruptura total con Bamako para no dejar el campo libre a Moscú. “Puede que los rusos combatan el yihadismo, pero seguro que no frenarán la emigración irregular”, advierten fuentes diplomáticas.

Wagner también está presente en la República Centroafricana (RCA), donde la UE también instruye a los militares locales. El Gobierno centroafricano aduce que los europeos no quisieron enviar tropas de combate y no tuvo más opción que recurrir a los rusos. A cambio de unos 2.000 mercenarios, Bangui les ha cedido la explotación de minas de oro y diamantes. Europa mantiene por ahora su misión en la RCA, pero ha advertido de que los militares que instruya no podrán operar con los rusos ni sus instalaciones ser usadas por estos.

La nueva estrategia de Rusia pasa por establecer seis bases militares en África, según el documento “las nuevas ambiciones de Rusia en África”, señala ésta como una prioridad para Putin. En 2015, Rusia mantenía cuatro acuerdos de cooperación militar en África, desde entonces ha firmado diecisiete nuevos; su pretensión es establecer bases permanentes en República Centroafricana, Egipto, Eritrea, Madagascar, Mozambique y Sudán.

¿Pero qué sabemos de Wagner? Se conoce poco de ellos, pero dejan a su paso un rastro de muerte, torturas y otros crímenes donde sea que sus servicios sean requeridos.

El debut de la organización fue en la guerra en Ucrania en 2014, donde apoyó a los separatistas prorrusos. Ganó prestigio en 2016 en las operaciones contra el Estado Islámico. Ahora mismo opera en la República Centroafricana (donde vigila minas de diamantes), Chad y otros países africanos. Según algunos miembros entrevistados por medios occidentales, muchos mercenarios que estuvieron en Ucrania en 2014 se trasladaron luego a Libia, donde había al menos 1.000 combatientes de forma permanente del grupo ruso entre septiembre de 2019 y julio de 2020.

Las fuentes también explicaron cómo es el proceso de adhesión. No es que sean reclutados directamente como mercenarios, sino que firman contratos de corto plazo con empresas fachada como personal de seguridad en lugares sensibles, como plataformas de petróleo. Antes de iniciar su incorporación efectiva, se someten a pruebas físicas y a controles de seguridad de antecedentes; son entrenados cerca de Krasnodar, en el sur de Rusia, a poca distancia de una base del ejército ruso. Si pasan las evaluaciones, son enviados al extranjero con una advertencia: si mueren, su cuerpo no será repatriado.

Lo más común es que se trate de personas que no pueden unirse a las Fuerzas Armadas por tener antecedentes criminales. Suelen proceder de pueblos pequeños con pocas oportunidades, atraídos por un sueldo hasta diez veces mayor que el promedio.

Cuando en 2020 se le preguntó a Vladimir Putin si había rusos luchando en Libia, se limitó a responder: “Si hay ciudadanos rusos allí, no están representando los intereses del Estado ruso, y no están recibiendo dinero del Estado ruso”.

Actualmente los mercenarios de Wagner están desplegados en la base área de Jufra, en el centro del país y Ghardabiya en Sirte. La ONU estima que 2.000 mercenarios de Serbia, Rusia y este de Ucrania están desplegados en Libia; entre su inventario, aviones de combate Mig 29 y SU-24, UAV de reconocimiento, sistemas de misiles Panstsir, todo ello en contra del embargo de armas que Naciones Unidas establecido para Libia. Los hombres de Haftar continúan con el apoyo de Wagner en rebelión con la autoridad reconocida internacionalmente.

Si bien los conflictos internos deterioraron la atmósfera de seguridad de la República Centroafricana desde 2013, se argumenta que Rusia expulsó a Francia, el país más influyente de la región, y el grupo Wagner se transformó en uno de los actores destacados. Se calcula que en RCA hay unos cuatrocientos mercenarios de Wagner junto a tropas rusas, y entre sus funciones ser la guardia personal del presidente Touadera y la formación militar del ejército. También están protegiendo las minas de oro y diamantes del país.

Según noticias publicadas por Sudán así como en medios de comunicación occidentales, Wagner inició su búsqueda de oro en Sudán en 2017 a través de empresas denominadas "Meroe Gold" y "M Invest". Wagner también entrenó a las fuerzas de apoyo rápido en la región de Darfur y al personal militar del ejército sudanés. Si bien Wagner opera en varias ciudades sudanesas, incluidas Port Sudan, Khartoum y Darfur, algunos medios de comunicación locales y occidentales informan que el grupo mercenario transportó armas y personal desde Sudán a la República Centroafricana a través de aeropuertos y fronteras.

Según diversos informes, Wagner también opera en la provincia de Cabo Delgado, ubicada al norte de Mozambique y conocida por tener ricos yacimientos de gas natural. En 2018, el grupo terrorista Ansar as-Sunnah anunció su lealtad al grupo terrorista Daesh/ISIS y tiene presencia en la región, por lo que el gobierno puso la lucha antiterrorista en manos de los mercenarios. Se estima que entre 160 y 300 rusos han estado presentes en el país desde 2019.

El desembarco ruso en África no puede desentenderse de la estrategia global de Putin. Rusia quiere quedarse con los recursos y dominar políticamente el continente con mayor crecimiento económico y con más recursos naturales. Además controlando el Sahel y la salida al Mediterráneo, controlará el vientre de Europa y los flujos migratorios hacia nuestro continente.



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