El Ministerio de Defensa oficializa los nombres de las cinco fragatas F-110
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El Ministerio de Defensa oficializa los nombres de las cinco fragatas F-110

Bonifaz (F-111), Roger de Lauria (F-112), Menéndez de Avilés (F-113), Luis de Córdova (F-114) y Barceló (F-115)
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El Ministerio de Defensa, a propuesta del Almirante Jefe de Estado Mayor de la Armada (Ajema), ha aprobado la asignación de nombre y marca de identificación de costado de las cinco fragatas F-110 de la clase Bonifaz, actualmente en fase de construcción en el astillero de Navantia en Ferrol.

Así lo recoge del Boletín Oficial de Defensa (BOD) del Ministerio de Defensa del 1 de febrero. No hay sorpresas respecto a los nombres propuestos por la Armada hace cinco años: Bonifaz (F-111), Roger de Lauria (F-112), Menéndez de Avilés (F-113), Luis de Córdova (F-114) y Barceló (F-115).

La resolución firmada por la ministra de Defensa, Margarita Robles, destaca que "con el propósito de subrayar la pericia, el valor y la heroicidad de los citados marinos, que con su abnegada entrega y servicio engrandecieron a España y otorgaron a la Armada gloria y honor, se considera merecido asignar sus nombres a las fragatas F-110, cuya serie recibirá la denominación de clase Bonifaz".

Ramón de Bonifaz sirvió bajo el reinado del Rey Fernando III en el sitio de la ciudad de Sevilla. Su escuadra se enfrentó a una de galeras berberiscas, consiguiendo cortar las comunicaciones fluviales entre Sevilla y el área magrebí de manera definitiva. Tras el intento fracasado del adversario por romper el bloqueo, en 1248 la flota de Ramón de Bonifaz consiguió destruir el puente de barcas que unía Sevilla con Triana. Tal episodio, unido a la labor de patrullas que se estableció en las dos orillas del Guadalquivir, fue definitivo para la capitulación de Sevilla. La formación de la flota de Bonifaz y la citada victoria en Sevilla están íntimamente ligadas a los orígenes de la Armada.

Por su parte, Roger de Lauria participó a finales del siglo XIII en las expediciones a Túnez, en las que se distinguió pronto por su valor y habilidad en la guerra naval, siendo nombrado primero Almirante de Sicilia y después gran Almirante de Aragón. En 1283 obtuvo su primera victoria naval sobre la flota de los Anjou en aguas de Malta. Castigó las costas de Calabria y se apoderó de las islas de Ischia y Capri, así como de algunas localidades de Calabria y Nápoles. 

Venció en la región de la Basilicata, en la toma de la isla de Jerba y de las Kerkenah. En 1285 obtuvo una reconocida victoria sobre la flota francesa en el golfo de Rosas. Participó en la recuperación de la isla de Mallorca. En 1287 recuperó Agosta y venció en Nápoles a la flota conjunta de los Anjou y del Papa. En 1292 venció a distintas flotas del Imperio bizantino, atacando Lesbos, Morea y Quíos. En 1296 conquistó las ciudades napolitanas de Reggio, Crotone, Catanzaro y Otranto. Derrotó completamente la flota siciliana en Capo d’Orlando y en la isla de Ponza. En 1304 defendió con éxito la villa de Alcoy contra un ejército de Granada, falleciendo poco después.

Las hazañas de Menéndez de Avilés se remontan a mediados del siglo XVI. Inició su carrera como marino en las luchas contra los corsarios franceses en el Cantábrico y costas atlánticas de Galicia y, más tarde, en las Indias. Sus victorias le llevaron a ser nombrado Capitán General de la Carrera de Indias, y de allí a servir en la Armada de Flandes, donde colaboró decisivamente a la victoria en la Batalla de San Quintín. Durante dos años sirvió en la mencionada Armada de Flandes, convoyando las unidades que proporcionaban los aprovisionamientos necesarios para los ejércitos de España y de sus aliados. 

Tras innumerables éxitos en Flandes, Felipe II le designó para mandar la Armada de Indias en 1560, explorando durante este periodo la costa de Florida y Carolina del Sur. En 1565 fue nombrado Adelantado de Florida y se le encargó conquistar y colonizar aquellas regiones, explorar la costa hacia el norte en busca de un estrecho que comunicase los océanos Atlántico y Pacífico y llevar misioneros para evangelizar a los nativos, así como la defensa de las islas españolas del Caribe contra los corsarios franceses, lo que realizó con éxito hasta el final de sus días, en 1574.

Luis de Córdova participó en la reconquista de Orán en 1732 y tomó parte en la reconquista del Reino de Nápoles y Sicilia en 1734. Al mando del navío América venció a los argelinos en el golfo de Cádiz, acción por la que se le concedió la Encomienda de la Orden de Calatrava. Destacó por sus actuaciones contra el contrabando en Cartagena de Indias. A bordo del Santísima Trinidad consiguió bloquear en puerto a los navíos ingleses, con el consiguiente colapso del comercio británico. Por ello, Córdova fue felicitado por Luis XVI, Rey de Francia, y, por parte del Rey de España, le fue concedida la Gran Cruz de la Real y distinguida Orden de Carlos III. En 1780 fue nombrado Director General de la Armada, cargo en el que contribuyó a la independencia de Norteamérica al cortar el suministro logístico de los ingleses con varios apresamientos al norte de las Azores. Su último servicio a España en la mar se produce al mando de las fuerzas navales combinadas que bloquearon Gibraltar e procuraron su toma hasta la firma de la paz con Gran Bretaña en 1783. Falleció en San Fernando, en 1796, a los 90 años de edad.

Para finalizar, Antonio Barceló destacó desde muy joven por su pericia, bravura y dominio del combate naval. Obtuvo varios éxitos sonados contra los corsarios berberiscos que a mediados del siglo XVIII acechaban las embarcaciones comerciales y de correo en las costas españolas. Gracias a su buen hacer recibió amplias atribuciones para combatir al corso, derrotando o apresando diecinueve buques, y protegiendo con su reconocida pericia las costas catalanas, levantinas y malagueñas. Participó en el socorro de Alhucemas y Melilla, atacadas por el sultán de Marruecos, al mando de los guardacostas, que
bombardearon el campo enemigo hasta el levantamiento de ambos cercos. 

Sus cañoneras y bombarderas fueron de nuevo utilizadas en los bombardeos de Argel de 1783 y 1784, infringiendo grandes daños a la ciudad y la pérdida de buena parte de la flotilla corsaria argelina, que ya nunca volvería a recuperar la pujanza anterior. El último de los servicios prestados por Barceló fue el alistamiento de la escuadra aprestada en Algeciras para el bombardeo de Tánger en 1792, hecho que finalmente no tuvo lugar. Falleció en Mallorca en 1792. 

"Al denominar los buques más modernos de los que dispondrá la Armada en los próximos años con nombres de marinos ilustres, la Armada quiere seguir uniendo tradición y modernidad, mostrando la aportación de esta institución a la historia de España y del mundo", argumenta la Armada. 





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