Annual: heroísmo, sacrificio, esfuerzo y sentido del deber
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Annual: heroísmo, sacrificio, esfuerzo y sentido del deber

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Hoy no hablaremos de industria de defensa. Ni de presupuestos. Ni de ninguno de los muchos asuntos que nos preocupan y ocupan y que tratamos de observar atentamente desde esta ventana.

Hoy nos asomamos al recuerdo de escenas de heroísmo, sacrificio, esfuerzo y sentido del deber. Unas escenas que unos miles de españoles protagonizaron hace 100 años “allá por tierra africana” soportando las inclemencias de un riguroso verano y los embates de un duro enemigo. Como afirmó un protagonista de la retirada de Annual y de la posterior recuperación del territorio: “No se puede negar que alguien faltara a su deber, que algunos se llenaron de pánico, pero el conjunto fue de una sublime grandeza”.

El pasado 1 de junio su majestad el rey nos recordó nuestro deber de memoria durante la inauguración en Vitoria del Centro Memorial de Victimas del Terrorismo. Un siglo antes, ese mismo día, en un lugar del norte de Marruecos llamado Abarrán, una columna española fue derrotada por fuerzas rifeñas.

El 15 de julio su majestad nos volvía a recordar en el acto de homenaje a las víctimas del coronavirus ese deber de memoria. Cien años antes, ese mismo día, una fuerza española quedaba aislada en un pequeño montículo llamado Igueriben. Agotados los víveres y municiones, sin agua, y tras disparar la última salva de cañón sus defensores se sacrificaron en una desesperada salida para romper el cerco el 21 de julio de 1921. Al día siguiente el Comandante General de Melilla ordenaba la retirada desde su puesto en Annual donde su cuerpo desapareció para siempre.

9 de agosto de 1921. Los restos de la guarnición de Melilla resisten en Monte Arruit. Desde el día 26 se habían hecho fuertes unos 3000 soldados, en un recinto de 500 metros de perímetro y una hectárea de extensión. Una superficie equivalente a la del estadio Santiago Bernabeu. Con un calor insoportable, con cinco cartuchos por fusil, tras días sin apenas agua y casi sin víveres, el mando español pacta la rendición con el enemigo. Los defensores, que había sufrido 800 bajas durante el asedio, comienzan a salir de la posición de acuerdo con los términos pactados. Conforme van saliendo son asesinados 2000 soldados españoles.

Mientras tanto y aunque la zona de Protectorado en torno a Melilla había caído en manos enemigas, la ciudad, española desde 1497, se había mantenido gracias al rápido refuerzo de unidades procedentes de la Península y de Ceuta. En pocos días se iniciaban las operaciones de recuperación del territorio perdido que a finales de año estaba de nuevo bajo la autoridad del Sultán de Marruecos.

Lamentablemente la reacción política, lejos de buscar la unidad y la concordia, que también reclamaba su majestad el pasado día de Santiago Apóstol, se centró entonces en buscar culpas sin plantear remedios a las causas que provocaron lo sucedido. En lugar de construir se fomentó la destrucción de un proyecto común.

Precisamente el día de Santiago, patrón de España y de la Caballería española, hemos recordado este año de una manera especial al Regimiento de Cazadores de Alcántara que cumpliendo ejemplarmente con su deber se sacrificó al completo cubriendo la retirada de Annual. Incluidos 16 trompetas menores de 15 años.

No fueron los únicos que tuvieron un comportamiento heroico. Recordemos al teniente coronel de Caballería Fernando Primo de Rivera, a los comandantes de Infantería Benítez y Velázquez, a los capitanes Salafranca, De la Paz Orduña, Cebollino, Amador y Arenas, a los tenientes Flomesta y Vázquez Bernabeu, al cabo García Martín y al soldado Martínez Puche. Con su valor dignificaron el comportamiento de un Ejército y de una sociedad que dejo a varios miles de sus hijos en las tierras del Rif.

De ellos fue la gloria y de nosotros el deber de recordarles y de construir nuestro futuro común respetando su memoria.



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