Japón ensayará este otoño el uso de cazas F-35B desde un portaviones
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Japón ensayará este otoño el uso de cazas F-35B desde un portaviones

Buque Kaga, de la clase Izumo de Japón. Foto: JMSDF
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Los planes japoneses para operar con sus primeros portaviones desde la Segunda Guerra Mundial avanzan con rapidez. Este mismo otoño está previsto que comiencen los primeros ensayos de cazas F-35B del Cuerpo de Marines de Estados Unidos sobre su buque Izumo, inicialmente configurado como portahelicópteros pero que ha sido sometido a distintos trabajos para poder acoger estas aeronaves.

Estas operaciones han sido anunciadas por el general David H. Berger, comandante del citado Cuerpo de Marines, durante un webinario conducido por el Instituto Naval de EEUU y el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, y patrocinado por los astilleros norteamericanos Huntington Ingalls Industries. Así lo recoge el medio especializado Sea Power, que se autocalifica como “la publicación oficial de la liga naval de los Estados Unidos”.

En su intervención, el general Berger ha explicado que con estos ejercicios la fuerza naval nipona da un paso más para igualarse al despliegue actual de F-35B a bordo de un portaaviones británico, en referencia al buque HMS Queen Elizabeth, ya en servicio. Esta nave se encuentra estos días operando en la región del Pacífico con un despliegue de aviones F-35B del Escuadrón de Ataque de Cazas de los Marines 211 (VMFA-121) junto con aparatos del mismo modelo de la Real Fuerza Aérea británica (RAF).

A finales de 2018, el entonces Gobierno nipón encabezado por el primer ministro Shinzo Abe, dio luz verde a la renovación de los dos destructores portahelicópteros Izumo con los que cuenta Japón para que puedan operar con aviones. De esta manera se convertirán en los primeros portaaviones con los que contará el país desde la Segunda Guerra Mundial. Co nellos Tokio pretende hacer frente principalmente a China, con la que mantiene una disputa a cuenta de un grupo de islas del mar Pacífico denominadas Senkaku por los japoneses, y Diaoyu por los chinos.

Un club exclusivo

Los buques de la clase Izumo, el JDS Izumo y el JDS Kaga, este último asignado en 2017, desplazan 27.000 toneladas a plena carga y cuentan con 248 metros de eslora. Cuando adquieran al completo su capacidad de operar aviones de combate F-35B desde portaviones, Japón formará parte de un club exclusivo de países capaces de hacerlo que ahora se limita a Estados Unidos, Reino Unido e Italia. España cuenta con un buque, el Juan Carlos I, que también está concebido para desplegar estas aeronaves, aunque de momento no ha concretado su intención de adquirirlas, pese a la insistencia de la Armada para contar con ellas. En el futuro Corea del Sur también tiene previsto disponer de su propio portaviones dotado de cazas F-35B, según los planes que ya ha puesto en marcha.

El Departamento de Estado de Estados Unidos autorizó el año pasado una potencial venta a Japón de aviones de combate de quinta generación F-35B, con lo que se confirmaron los planes nipones para contar con nuevas aeronaves con las que dotar a sus futuros portaaviones.

42 unidades

Según recogió entonces la Agencia de Cooperación de Defensa y Seguridad (DSCA, por sus siglas en inglés), organismo intermediario en el programa estadounidense de Ventas Militares Extranjeras (FMS, por sus siglas en inglés), “el gobierno de Japón ha solicitado comprar 63 aviones de despegue y aterrizaje convencionales F35A; 42 aviones de despegue corto y aterrizaje vertical F-35B, y 110 motores Pratt and Whitney F135, incluidos cinco de repuesto”.

Japón aprobó a finales de 2018 unas nuevas directrices para su estrategia de defensa en las que ya se citaba la compra de estos 42 nuevos F-35B, versión con capacidad para realizar despegues cortos y aterrizajes verticales (STOVL), lo que le permite operar desde portaaviones sin catapultas de despegue.

Japón es, además de Italia, el único país extranjero (considerando que se trata de un programa ante todo estadounidense) al que Washington autorizó a ensamblar F-35. Sin embargo, Tokio anunció a principios de año que había optado por dejar de fabricarlos, por resultarle demasiado caro, y que pasaría a obtener sus siguientes aeronaves directamente de la firma estadounidense Lockheed Martin, que es la contratista principal del programa.



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