​Colombia y la materialización de su Sistema Integral de Defensa Nacional
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​Colombia y la materialización de su Sistema Integral de Defensa Nacional

El Gobierno colombiano pisa el acelerador para concretar sus principales programas de defensa ante la creciente amenaza venezolana.
EE 9 Colombianos. Foto Infodefensa
EE-9 colombianos. Foto: Infodefensa.com
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Después de -por lo menos- dos décadas de estudios, proyecciones, intenciones y decisiones postergadas, finalmente el Gobierno de Colombia, en cabeza del presidente Iván Duque, materializa las solicitudes de las Fuerzas Armadas y la disposición del Consejo de Política Social y Económica de 2019, para dotar con nuevos medios al Sistema Integral de Defensa Nacional (Siden).

En ese sentido, las Fuerzas Armadas Colombianas han inisitido en la necesidad de iniciar procesos de renovación, sustitución, modernización y, especialmente, de reequipamiento de los principales sistemas de defensa nacionales, ante la sostenida pérdida de capacidades disuasivas dada la obsolescencia -y en muchos casos- el fin de la vida útil de los mismos; necesidad que, recién en 2019 el Estado reconoce, a través de un documento Conpes, como imperiosa.

Sin embargo, y asociado al latente problema de obsolescencia, se vienen sucediendo de manera constante reiterativos incidentes fronterizos que han involucrado en los últimos años violaciones sucesivas a la soberanía colombiana por parte de las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas (FANB) y la amenaza persistente por parte del gobierno vecino de realizar incursiones (descocainizar) en territorio colombiano, justificándose en el supuesto apoyo de ese país a organizaciones o grupos armados organizados que identifica como paramilitares.

Esta situación de tensión está además condicionada por el público soporte que Rusia le brinda al régimen bolivariano que incluso se ha manifestado en la presencia de sistemas de monitoreo y de personal (grupo Wagner) en zonas fronterizas, lo que a su vez ha generado respuestas por parte de países aliados de Colombia -como EEUU- que en el mismo sentido realiza periódicamente vuelos de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, precisamente con el fin de observar y seguir las actividades rusas en el vecino país.

Desde el pasado año, la Dirección Nacional de Inteligencia Colombiana (DNI) ha reportado un notable aumento de acciones de injerencia particularmente de naturaleza no convencional en contra de Colombia y provenientes tanto de Rusia (San Petersburgo) como de Venezuela (Caracas), que han tenido como aparente propósito propagar campañas de desinformación y desestabilización en contra del establecimiento nacional, incluso a través del financiamiento (con oro) de protestas violentas en medio de las marchas pacíficas que se sucedieron en 2021.

Esas acciones, reportadas por la inteligencia colombiana, por sí mismas no habrían cambiado la percepción del gobierno de este país a pesar de novedades en el mismo sentido, señaladas por países aliados, que han advertido sobre una posible mayor amenaza en el futuro inmediato.

Sin embargo, después de la invasión rusa a Ucrania, comenzaron a recibirse nuevos reportes particularmente de inteligencia aliada (OTAN) en el sentido de posibles acciones en zonas de frontera que atentarían contra la integridad territorial.

Escudo bolivariano

Estos reportes coincidieron con la afirmación del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, quien señaló que Colombia entrenaba y financiaba a grupos de personas que identificó como Terroristas Armados Narcotraficantes Colombianos (Tancol), que tenían como objeto desestabilizar a su país, realizar ataques y consecuentemente vulnerar los derechos de sus ciudadanos, lo anterior sustentado en información de su Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim), además del casi inmediato desarrollo de la Operación Escudo Bolivariano 2022 Vuelvan Caras, que concentró una inusitada cantidad de medios y efectivos de las FANB a menos de un kilómetro de la línea fronteriza, cuyo despliegue -en principio- no coincidía con uno estructurado para operaciones tradicionales, según comentó a este diario el analista Andrei Serbint Pont.

Precisamente en esos momentos, el Gobierno colombiano fue informado de la probabilidad de una incursión militar en su territorio por parte de las FANB, que sería presentada como una necesaria operación militar especial, legitimada como antinarcótica, antiterrorista y antifascista y apoyada además por el gobierno ruso, desde el punto de vista político e incluso logístico, lo que a su vez generó un despliegue de fuerzas colombianas en varios puntos de la frontera y la decisión de estudiar a fondo los procesos de reemplazo de equipos y medios para sus fuerzas militares, que se concretarían en la aprobación y firma de los respectivos documentos Conpes y Confis.

Cabe anotar que la mencionada incursión -que se pretendía realizar sobre los departamentos de Arauca y Boyacá- no se materializó debido al fracaso operacional ruso en Ucrania, lo que limitaba no solo diplomáticamente sino logísticamente cualquier apoyo futuro, pesando esto en la decisión venezolana, aun a pesar de pronunciamientos que han buscado –y buscan- deslegitimar al Gobierno colombiano y vincularlo con organizaciones narcotraficantes, que por el contrario sí tienen lazos probados con el Gobierno bolivariano y con una constante presencia en ese país (Segunda Marquetalía y ELN).

Es importante recordar en este punto que la asistencia rusa a Venezuela –tal como lo anota el excomandante de la Fuerza Aérea Colombiana, general Carlos Bueno, "se ha traducido en un incremento en el apoyo, que además se ha sostenido con la venta y soporte de armamentos particularmente para la Aviación Militar Bolivariana (AMB) y para su Comando de Operaciones de la Defensa Aérea (CODA), lo que ha generado un desbalance de fuerzas entre ambas naciones –además de regional-, pero que se ha manifestado también con el envío y sobrevuelo sobre espacio aéreo nacional de aviones de los tipos lIyushin II-96 y Tùpolev TU-160  (este último interceptado y obligado a abandonar el espacio aéreo por cazas K-fir C10), en clara provocación y demostración de fuerza abierta y pública, que incluso contempló en algún momento la instalación y operación de sistemas balísticos de mediano alcance, conociéndose por fuentes abiertas de posibles labores de desestabilización institucional, por medio de ciberataques y desinformación, para lo cual se ha trasladado personal y agentes a ese país para tales efectos. Como se puede evidenciar, brevemente, son muchas las amenazas y una escalada militar permanente y sostenida en capacidades. Son entonces actitudes, comportamientos y declaraciones abiertamente hostiles en contra de Colombia".

Esto por supuesto viene generando tensiones fronterizas (especialmente desde 2009) a partir de pronunciamientos constantes por parte de la dirigencia venezolana, en el sentido de atacar a Colombia u objetivos específicos en este país, que han aumentado con el incremento de la presencia rusa en Venezuela.

En este sentido, el director de la Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales (Cries), Andrei Serbint Pont, señala que "la principal preocupación o riesgo que implica la presencia rusa en Venezuela son las tensiones fronterizas: por un lado las Fuerzas Militares Colombianas (FFMM) cuentan con el asesoramiento, amén de la presencia, de Fuerzas Especiales estadounidenses, que prestan diversas asesorías, además de sus públicos y constantes vuelos de inteligencia (con RC-135), todo muestra del soporte brindado a las FFMM, sobre todo en temas de lucha contra insurgente y antinarcóticos, pero también están apoyando a este país respecto a las tensiones que viene presentándose con Venezuela. Del otro lado –en Venezuela- la situación es bastante parecida, es decir, Fuerzas Especiales rusas que están capacitando a fuerzas venezolanas dando apoyo en materia de guerra electrónica (con estas unidades de exploración radioelectrónica), amén del empleo de drones y otros sistemas". 

"El mayor riesgo que corremos es que en la medida en que las tensiones entre Estados Unidos y Rusia a nivel global crezcan, esa frontera en particular entre Apure y Arauca pueda convertirse en una suerte de flash point de tensiones geopolíticas, por lo que ese eventual y potencial conflicto entre Colombia y Venezuela pasa a tener una dimensión geopolítica global y entran de inmediato los intereses estadounidenses y rusos, siendo este el mayor riesgo que tenemos que considerar en esta zona, más allá de las tensiones fronterizas que se vienen presentando desde hace décadas", sostiene Serbint Pont.

Conpes y Confis

Ante la amenaza cierta y la poca capacidad disuasoria actual, el Gobierno colombiano solo puede optar por la aprobación de los respectivos documentos de Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes) Consejo Superior de Política Fiscal (Confis), proyectando con ellos la financiación de los proyectos de renovación del actual equipamiento de las FFMM a diez años y que serán desarrollados y ejecutados por las dos próximas administraciones presidenciales.

Esta decisión será entonces producto de detallados análisis y estudios no solo estratégicos sino además económicos y respecto a los diversos programas que de modernización y reemplazo de sus medios vienen siendo presentados por cada una de las fuerzas y por el Comando General de las Fuerzas Militares, que revelan la casi completa ausencia de capacidades disuasorias frente a la constante y crecimiento amenaza a la soberanía e integridad territorial colombiana.

Sin embargo, en consideración a una tradicional política basada en la solución de las controversias a través de las vías diplomáticas y a la reciente pandemia de Covid-19 y sus efectos sobre la economía mundial, el Gobierno colombiano se abstenía de tomar decisiones estratégicas en materia de defensa nacional, que ha sido desde el punto de vista histórico la responsable de ese déficit y desbalance en las capacidades de defensa nacionales.

Ese déficit ha resultado particularmente notorio en las actuales circunstancias geopolíticas, tal y como lo advierte el columnista y político colombiano Sergio Araujo, quien considera que "para Vladimir Putin las necesidades de Maduro han servido en bandeja de plata la oportunidad para instalar una fuerte presencia militar y económica rusa en un territorio americano que, a diferencia de Cuba, es de los más ricos del mundo en recursos naturales y se ubica en la América continental, con la posibilidad de ser un referente militar no necesariamente subsidiado que aloje una alianza de largo plazo, para hacer contrapeso en América a la presencia de la OTAN en los bordes rusos".

"En la medida que Colombia es el principal aliado de los Estados Unidos en el mismo continente, nuestro país se vuelve la primera tentación como escenario para la puja de fuerzas que libra Vladimir Putin con los Estados Unidos", asegura Araujo.

Sisdan y PES

La decisión colombiana de materializar por fin su Siden podrá revivir proyectos tales como el Sistema Integral de Defensa Aérea Nacional (Sisdan) y la renovación de sus flotas de cazas de combate y lifts en cabeza de su Fuerza Aérea; el progama Plataforma Estratégica de Superficie (PES), con el cual la Armada renovará su flota de superficie; el Sistema de Defensa Antiaéreo Móvil Multicapa (SDAM) del Ejército y otra serie de programas con los que se busca potenciar la industria de defensa y seguridad nacionales (por medio de la transferencia tecnológica y a través del GSED), aumentando las hoy casi inexistentes capacidades mínimas disuasivas y brindándole las herramientas necesarias a las FFMM para el cumplimiento de su misionalidad constitucional de proteger y salvaguardar la soberanía e integridad territoriales nacionales.

Lo anterior le permitirá a Colombia  garantizar –por fin- la integridad y la soberanía de su territorio, anulando la amenaza Venezolana, de la mano de la OTAN (como aliado preferente) y sentando las bases para un nuevo concepto de seguridad hemisférica, mediante el cual se protejan la autodeterminación y la libertad de las naciones del continente y frente a las pretensiones, por un lado, expansionistas de algunos regímenes y, por el otro, las intensiones de potencias de escalar conflictos regionales.




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