Lecciones de Ucrania: guerra, logística e industria
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Lecciones de Ucrania: guerra, logística e industria

Carros de combate ucranianos. Foto Ministerio de Defensa de Ucrania
Carros de combate ucranianos. Foto: Ministerio de Defensa ucraniano
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El regreso de la guerra convencional a Europa ha reabierto, entre otros debates, el de cuál es la entidad suficiente de los Ejércitos para disuadir, responder y sostener el esfuerzo durante el tiempo necesario. El debate no es nuevo. Básicamente plantea la cuestión de la cantidad y calidad de las herramientas militares para actuar en diferentes tipos de conflicto, incluidos los de alta intensidad.

Especialmente desde el final de la guerra fría, en occidente apostamos por calidad sobre cantidad. Como consecuencia se redujeron los inventarios dando prioridad a adquisiciones de sistemas tecnológicamente muy avanzados. También más costosos y difíciles de reponer. La famosa ley de Augustine anticipó sus límites. En términos operativos el tamaño importa puesto que afecta a la capacidad de realizar operaciones con el alcance y duración necesarios. La capacidad de regenerar la fuerza por el efecto de la atrición necesita tiempo y recursos. Aquello de hacer más con menos tiene muchas limitaciones.

La entidad de fuerzas militares está relacionada básicamente con masa, volumen y densidad. La masa, factor cuantitativo, muestra el número de efectivos y sistemas disponibles. El volumen permite conseguir una relación de fuerzas favorable concentrando recursos en tiempo y espacio. Pero hay que diferenciar la masa operativa disponible de la necesaria para sostener el esfuerzo. Así a nivel estratégico aparece el concepto de densidad como la capacidad de generar recursos, personal y material, para que las operaciones se prolonguen durante el tiempo necesario. El volumen y la masa son factores que disuaden. La densidad permite soportar los niveles de atrición que el conflicto exija.

Podemos compensar limitaciones con moral, buena preparación, organización y procedimientos adecuados para producir los efectos deseados que necesitan energía cinética y potencial. La primera permitirá conseguir efectos en el campo de batalla. La segunda, permitirá mantener el esfuerzo y compensar las pérdidas, y está ligada a la capacidad de generar recursos. En conflictos de baja intensidad la capacidad de generar energía es posible. En casos de alta intensidad el tema se complica.

El Concepto de Empleo de las FAS contempla la necesidad de mejorar el planeamiento y la conducción de las operaciones considerando todos los recursos disponibles para proporcionar la respuesta militar adecuada. Como líneas de actuación establece tres: disuasión y defensa, proyección de estabilidad y otras contribuciones a la seguridad. Refleja la necesidad de alinear el nivel político, el estratégico-militar y el operacional y crea una estructura para la planificación y conducción de las operaciones a nivel estratégico-militar que permita anticiparnos y adaptarnos al entorno con agilidad operativa, orgánica, y en la incorporación de capacidades.

Establece como parámetros de partida la necesidad de asegurar la credibilidad de la disuasión y la capacidad de defensa autónoma con un nivel de autosuficiencia, que queda sin definir. La fuerza militar debe ser equilibrada, capaz y sostenible, tecnológicamente avanzada, y con potencia de combate, nivel de alistamiento y capacidad logística acorde a las necesidades. El planeamiento militar debe armonizar necesidades operativas y “apoyo a la industria”.

El problema logístico

Las relaciones entre logística operativa y de obtención están resultando evidentes. La primera, ligada al empleo de la fuerza, está relacionada con la segunda de la que depende fundamentalmente sostener el esfuerzo militar, mantener las capacidades de los sistemas en servicio y regenerar la fuerza.

Aparentemente los rusos han adolecido de fallos relacionados con su logística operativa en doctrina y procedimientos, adiestramiento con las unidades tácticas y cálculo de necesidades. Su logística de obtención parece estar respondiendo. En el lado ucraniano, la situación puede ser la inversa.

El sistema de mando y control logístico ruso no parece robusto. Algo esencial que requiere estructuras y sistemas, y capacidad de inteligencia logística que permita estimar las necesidades sobre datos fiables, conocer las capacidades militares y las que pueden aportar las empresas si las operaciones se prolongan.

En el ámbito de la ejecución hemos tenido noticias de la escasez en el suministro de recursos. Las previsiones de necesidades de mantenimiento se han desbordado y se han agravado por la carencia de medios de recuperación, repuestos o especialistas.

El problema de las municiones es especial. Acostumbrados como estábamos a operaciones poco intensivas en consumo de municiones, el combate de alta intensidad plantea una situación totalmente diferente. Es necesario contar con municiones suficientes para el esfuerzo inicial requerido y garantizar su reposición teniendo en cuenta la capacidad de producción de los fabricantes.

Si consideramos municiones convencionales el despliegue de una fuerza de 20.000 efectivos con 1.500 vehículos durante una semana de combate llevaría a unas necesidades de unas 20.000 toneladas de munición por día de abastecimiento. Los volúmenes dan una idea de las cantidades que necesitarían almacenarse en permanencia. Los tiempos de fabricación, que no son cortos, nos darían idea del esfuerzo que tendría que hacer la industria.

Para misiles o municiones inteligentes el problema sería más grave. Según datos presentados al Parlamento francés, durante la operación Hamilton en abril de 2018 se lanzaron en 24 horas unos 100 misiles de crucero. Las mismas fuentes indican una tasa de fallos en combate para misiles contra carro de hasta un 50%. Según fuentes ucranianas hasta el 12 de abril habrían destruido 476 carros rusos. Una cifra manipulada, pero que nos daría idea de las necesidades si aceptamos la tasa de fallos indicada. El caso de los misiles es especialmente crítico puesto que su reposición desde la industria puede suponer semanas, sin considerar demoras por suministro de materias primas o de control de la cadena de producción.

Podríamos estimar las necesidades de apoyo logístico para cada BTG ruso en unas 300 toneladas diarias de las que un 20% serían de agua y alimentación. Las necesidades de carburante podrían superar los 50.000 litros diarios. La disponibilidad de medios de apoyo como camiones de carga general y especial, depósitos de agua, centros de carburante y de municionamiento ha sido también deficiente. Estas necesidades normalmente reciben prioridades bajas en los planes de adquisiciones.

La conclusión es que un esfuerzo operativo prolongado requiere adoptar medidas previas para poder responder con agilidad. El papel de la industria puede ser importante si está implicada con antelación. Ante una logística con altas exigencias, la solución no está en disponer de todos los recursos en las organizaciones militares.

Estas deben disponer de los niveles suficientes para atender al adiestramiento y a las operaciones en los términos más probables, para lo que hace falta dotación económica y estructura adecuada. La prolongación de las operaciones necesita “mutualizar” capacidades con la industria. Una idea reflejada en la Estrategia de Seguridad Nacional para responder a emergencias y que pudiera extenderse.

Apoyo industrial

La capacidad industrial es soporte básico para las capacidades militares. El nivel militar debe conocer lo que la industria puede realmente ofrecer para valorar la capacidad real de sostener esfuerzos. Es responsabilidad política favorecer un desarrollo industrial con capacidad de generar empleo y tecnología, y también de proporcionar recursos para poder aumentar la “masa” de los Ejércitos y sostener las operaciones cuando sea necesario.

El actual contexto de alza de precio de materias primas y costes de transporte afecta a producción industrial. Es una situación que puede prolongarse. Un factor que, unido a la complejidad de los programas con altos costes y largos tiempos de desarrollo y producción, provoca que a menudo no sea posible absorber picos de demanda. Para atender la demanda operativa será necesario, en cualquier escenario, contar con una base industrial capaz de responder, incluida su cadena de suministro. Esto implica tiempo, personal, cadenas de producción adaptadas, y por supuesto dinero. No es fácil pasar de unos esquemas de producción en paz o conflicto limitado a otros de guerra. Con los esquemas actuales la capacidad de reaccionar en poco tiempo es reducida.

Es un problema industrial que afecta al nivel estratégico - militar. Desde ese punto de vista es necesario disponer de visibilidad sobre las capacidades industriales para sostener operaciones militares durante tiempos prolongados. Hay que trasladar las previsiones a la industria para que pueda tener tiempo de respuesta si es necesario. Se trata de un problema general que afecta a la provisión de sistemas principales o municiones, y también a la disponibilidad y abastecimiento de repuestos y equipos. Para sistemas que son muy complejos reponer afecta de forma especial. Si consideramos como hipótesis una flota de 100 aviones de combate a razón de tres salidas diarias, con una tasa de atrición de un 5% se habrían perdido en una semana dos tercios de la flota. Pensemos que la fabricación de un avión de combate necesita hasta 50.000 horas de trabajo.

En julio de 2020, el Jemad francés planteó en la Asamblea Nacional el problema del equilibrio entre cantidad y calidad: “no pido renunciar a la alta tecnología para conseguir masa, ni pido un ejército más rústico frente a otro más tecnificado. Hacen falta los dos”. Hay que conciliar masa, volumen y densidad. La guerra en Ucrania nos muestra las limitaciones que la excesiva complejidad tecnológica puede producir.

No nos podemos dimensionar permanentemente para conflictos de alta intensidad cuyas fases más críticas pueden durar solo unas semanas. Hay derivadas financieras, legales, militares e industriales que no lo permiten. Sin embargo, es posible vigilar el equilibrio proporcionando tecnología suficiente, disponible en tiempo y costes razonables, y establecer una relación más estrecha con la industria no solo por apoyar su actividad. También porque llegado el caso su implicación es fundamental para la conducción estratégica de las operaciones.



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