Presupuesto de Defensa: buenas noticias y algunos desafíos
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Presupuesto de Defensa: buenas noticias y algunos desafíos

Ejercicio toro pizarro
Vehículos Pizarro en el ejercicio Toro del Ejército de Tierra. Foto: ET
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El proyecto de presupuestos para 2023 contempla para el Ministerio de Defensa un incremento de casi 2.700 millones de euros con respecto al inicial de 2022. Defensa recibe el 2,4% del total de unas cuentas públicas que parten de un elevado techo de gasto. Para el Ministerio se trata de un presupuesto bien equilibrado con aproximadamente un 40% en gasto de personal, un 45% en material y el 15% restante para otras necesidades. Las asignaciones para inversiones reales se incrementan en algo más de 2.200 millones con un total de 5.869 millones para 2023 y una previsión de incremento de hasta casi 6.400 millones en 2026.

Para los que defendemos que España puede y debe prestar una mayor atención a la Defensa Nacional es una buena noticia. También lo es la previsión de avanzar hacia el compromiso político de alcanzar un 2% del PIB en 2029. Con esos datos no podemos decir que el escenario que se dibuja no sea favorable. Parece que las autoridades están dando mayor prioridad política a la Defensa y haciendo un esfuerzo para que España mejore su capacidad de disuasión y respuesta ante las amenazas que afrontamos. Pero hay que entrar en los detalles.

En relación con el capítulo de personal no se contemplan previsiones de aumento de efectivos. En los últimos años la demanda operativa a las Fuerzas Armadas ha crecido sin que se aumentase su personal. Las nuevas competencias en ciberdefensa o espacio pueden ser las más llamativas, pero no las únicas. Las carencias afectan también a los órganos de dirección y gestión que están sobrecargados para atender a ciertas actividades, como ocurre en la gestión de programas. Un mayor compromiso operativo requiere mayor número de efectivos. También un mayor volumen de inversiones requiere de estructuras adecuadas y personal suficiente.

El gasto corriente aumenta un 12,92%. Como ha señalado el Jemad es un dato positivo pero que “será absorbido por la subida de precios”. Con una inflación próxima al 10% el incremento apenas cubrirá las necesidades de vida y funcionamiento en un escenario incierto como el que se avecina. Este problema afecta a la vida diaria de las unidades y también a la capacidad de las empresas para suministrar los bienes y servicios que se necesitan. Se trata de un problema general, que no es exclusivo del Ministerio de Defensa ni de España, y ante el que algunos países están tomando medidas para responder a la realidad.

En cuanto a inversiones, la buena noticia es que se produce un significativo incremento que permite iniciar un buen número de programas. El 83,5% del total de inversiones reales está destinado a Programas Especiales de Modernización (PEM) que reciben 4.901,72 millones. El 75% de esa cantidad correspondería a pagos de compromisos adquiridos previamente. Se abren nuevos programas, para ejecutar entre 2023 y 2029, por algo más de 17 millones, destinados a recuperar e impulsar capacidades. El sector de la industria aeronáutica se beneficiará de tres cuartas partes de las nuevas inversiones.

Los perfiles de pago para esos nuevos programas contemplan obligaciones para el periodo 2027 a 2029 por valor de casi 10.000 millones. Un análisis más detallado debería evaluar su impacto sobre el planeamiento de capacidades en ese horizonte y su repercusión real sobre el tejido industrial del sector en su conjunto. Desde el punto de vista de política de adquisiciones las previsiones del presupuesto para los próximos 6 años deberían contrastarse con los objetivos que se persiguen, tanto desde el punto de vista de capacidades militares como de potenciación industrial, teniendo en cuenta que buena parte de los nuevos programas contarán, según parece, con tecnólogos o suministradores extracomunitarios.

Según los datos del proyecto, la inversión en PEM entre 2023 y 2026 estará en algo más de 20.000 millones. La previsión total de capítulo 6 para esos años es de algo menos de 25.000 millones. Si estas cifras se confirman, quedaría un margen anual promedio de unos 1.100 millones para atender a necesidades de apoyo logístico, preparación, otras inversiones e I+D. Todas ellas, especialmente las de apoyo logístico, necesitarán cubrirse con reprogramaciones, como ya se hizo en marzo de este año, o como ha sido la norma, con créditos del fondo de contingencia, con los problemas de gestión que ello implica. Las necesidades de preparación de las unidades y de disponibilidad de los materiales, continúan sujetas a ajustes una vez que comience el ejercicio.

Los presupuestos son una buena noticia porque incrementan la disponibilidad económica. Pero la credibilidad del escenario que pintan es dudosa y no se varía el modelo de financiación de nuestra Defensa, que sigue sujeto a criterios de oportunidad coyunturales. De esa manera se mantienen problemas estructurales puesto que el planeamiento a medio y largo plazo sigue excesivamente condicionado por los compromisos previos, se mantiene el déficit en los créditos iniciales para preparación y apoyo logístico, y las carencias de personal afectan a la operatividad y a la capacidad de gestión. Todo ello tiene implicaciones sobre una política industrial de defensa que necesita objetivos coherentes para aprovechar los recursos que se asignan.



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