PES: A la margarita le salieron espinas
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PES: A la margarita le salieron espinas

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A unos cinco años de las primeras noticias sobre el programa naval de las Plataformas Estrategicas de Superficie (PES) de la Armada Colombiana (ARC), y tras varios anuncios y propuestas, en particular los buenos augurios del viceministro Gonzalo Muñoz hechos tras la última edición de la feria bienal Colombiamar 2019, lo cierto es que, tras todo este tiempo de estudios, ofertas y propuestas, quien “corta el bacalao” aún no ha empezado a sacarle las escamas al pescado. Siendo que el año pasado era el más decisivo del programa, ha sido por el contrario el menos productivo, a excepción del reconocimiento y aceptación por parte de la ARC de que cualquier construcción naval “made in Colombia”, y más específicamente “made in Cotecmar”, está lamentablemente limitada por la capacidad de las instalaciones del astillero, principalmente el único medio de varada y flotadura del astillero (sincrolift), con capacidad de no más 3.600 ton (nominales).

La gran expectativa de la feria Colombiamar 2019, era el futuro de los dos principales programas navales de la Armada Colombiana, el OPV93C y el PES, frustrada por el gran silencio institucional, que deslució la cita bienal marítima colombiana.

Por otro lado, en la última edición de ExpoDefensa, el pasado mes de diciembre de 2019, nuevamente los participantes tenían la gran expectativa sobre los esperados anuncios, bien de parte del Gobierno colombiano, la ARC o de Cotecmar, sobre el inminente paso a seguir por los citados programas navales colombianos, pero nuevamente el silencio sobre el tema fue total, sin tan siquiera tímidos mensajes de ánimo, solo destacó en la feria de diciembre, la firma del contrato de cooperación técnica entre Cotecmar y Damen, para la asistencia en diseño, ingeniería y asistencia técnica, para la construcción de un Buque de Investigación Científica Marina (BICM) lo que dio una cierta alegría a ésta cita.

¿Qué pasó?

Evidentemente los programas de defensa en Latinoamérica vienen marcados por los ciclos de bonanza y crisis económica, principalmente asociados a las ventas de materias primas producidas por los países de la región. Pero en el caso colombiano, las adquisiciones y renovaciones de equipos de las FFAA, están fuertemente marcadas por el desarrollo del denominado “conflicto interno” (guerrilla), que afecta al país desde hace ya más de 50 años.

Los presupuestos de defensa de las FFAA colombianas, se diluyen en el mantenimiento de una gran fuerza de combate terrestre y unas fuerzas de seguridad interior, que demandan una gran parte de esa disponibilidad presupuestaria, por lo que los programas de “grandes adquisiciones”, como lo son por ejemplo el nuevo caza de superioridad aérea, en reemplazo de los ya al borde de su vida útil K-FIR y el reemplazo de las fragatas clase Padilla, que acumulan más de 30 años de servicio (más de 40 para la fecha estimada de pase a retiro de estas unidades en año 2025), lo que supone todo un desafío y reto económico para la nación (el presupuesto estimado para el PES 4+4 unidades es de unos 4.000 millones USD).

Hace 5 años la ARC sorprendió a propios y extraños con el anuncio de su programa naval autóctono PES, cuyo diseño y construcción estaría a cargo del novel astillero Cotecmar, que para la fecha con apenas unos 15 años de vida comercial (pero con una importante herencia técnica), acababa de completar el segundo buque OPV (ARC 7 de agosto PZE-47) mientras empezaba en grada la tercera unidad, que entregaría con cierto retraso a mediados de 2017.

Desde un principio, el programa PES era muy ambicioso y ha debido ser paulatinamente rebajado, ante la realidad económica y las limitaciones físicas del astillero, que no ha encontrado forma de ampliar sus instalaciones y prepararse para la construcción de buques de 5.000 ton como los inicialmente propuestos, Los retrasos en la construcción del tercer OPV, así como la total paralización del exitoso programa de construcciones BDA, han sido un mal preludio para el programa PES, sobre todo porque en estos dos últimos años, Cotecmar no ha empezado el que sería en siguiente paso en la construcción de la primera PES, el OPV93C.

El llamado a concurso de varios constructores navales a principios de 2016, para incorporarlos como socios tecnológicos, para el desarrollo o adopción de una plataforma fiable y comprobada, prometía para el 2018 “humo blanco”, para el arranque de las fases de diseño preliminar y contractual, además de definir la que sería la posible estrategia constructiva de los buques, a sabiendas de las limitaciones de Cotecmar, sobre todo para poder llegar al “buque soñado” de 5.000 ton.

Pero al gobierno colombiano no le salieron bien las cosas, sobre todo la imposibilidad de llegar a un acuerdo integral y completo de paz, para poder desmovilizar parte de las fuerzas terrestres y poder así reconducir los presupuestos de defensa, hacia los no tan nuevos escenarios, pendientes de respuesta.

El reciente contrato de construcción del nuevo Buque de Investigación Científica Marina (BICM), entre Damen y Cotecmar, supone una prueba para ambas empresas, en aras de probarse el uno al otro, sus capacidades de respuesta, gestión y transferencia tecnológica, sobre todo, porque es un secreto a voces que el socio tecnológico deseado por la ARC es Damen y sus productos SIGMA, ello en parte gracias a la buena experiencia habida con Thales Holanda y la modernización de las fragatas clase Padilla. Pero por un lado, a Damen le aterra involucrarse en un programa de construcción naval, que por un lado no tenga los recursos financieros, no solo asegurados, si no plena y totalmente garantizados (por la experiencia mexicana), mientras que por el otro lado, a Cotecmar le preocupa saber cuál va a ser realmente, el nivel de transferencia tecnológica, que pueda obtener de un programa de construcción que se desarrolle, en parte, fuera de sus instalaciones (experiencia mexicana), no deseando desde luego, terminar siendo unos simples ensambladores de partes o módulos prefabricados.

Por otro lado, Navantia ha venido apostando por el programa PES, por un lado ofreciendo sus productos de la clase Avante, una plataforma que ha demostrado su flexibilidad y valía, así como su experiencia en la ejecución de grandes construcciones off shore (fuera de España), ganada en los programas de construcción Hobart, Canberra y Ships Supply, cada uno adaptado a las necesidades específicas de la armada australiana y el menos exitoso BVL de la armada venezolana. Así mismo, la intervención de la consultora Ghenova, ha demostrado a Cotecmar y a la ARC las ventajas de “hablar un mismo idioma”, algo muy valorado por cierto por Codaltec y su relación tecnológica en la española Indra.

Al final, parte de la decisión a tomar por el gobierno colombiano, la ARC y Cotecmar, es tan simple como decidir quién da más por menos, para potenciar el desarrollo naval del país.

El plan B

Los atrasos, han alimentado las especulaciones de lo que podría hacer la ARC para no dejar huérfanas de presencia sus aguas territoriales y de la ZEE. La habilidad de Cotecmar para evolucionar y desarrollar los diseños, tal y como lo demostró con las lanchas fluviales PAF y con los propios OPV y el OPV93C, podría abrir la puerta a la construcción de una serie de dos o tres embarcaciones del porte de una corbeta (1800-2000ton) fuertemente armadas y que en los próximos 4-5 años pudieran incorporarse a la ARC, sirviendo en parte, como prototipos y “test bed” de los sistemas y armamentos a embarcar en las futuras fragatas PES. La otra alternativa es ir al mercado de segunda mano y adquirir dos o tres unidades, que puedan ser incorporadas entre 2024 y 2025 y ocupar parte del vacío que pueda dejar el inicio de la desincorporación de las Padilla, sin que el programa PES haya producido su primera unidad.

Ambas opciones son costosas de cara a los presupuestos y el ministerio de economía colombiano, pero la primera opción dejaría buena parte de lo invertido en el país (como ocurrió con el plan Orion), a la vez que dotaría a la ARC con unidades nuevas. La segunda opción, supone que el gasto incurrido, no revertiría ningún beneficio en el país, dotando a la ARC con buques viejos y muy probablemente obsoletos, cuya operación crearía un problema de logística y mantenimiento, de cara a la incorporación a futuro de las nuevas PES no más allá del 2030 (creando una línea logística y de soporte).

Los plazos

A la ARC se el acaba el tiempo, y los retrasos se van acumulando, si bien las primeras fechas de entrega del primer buques del programa PES hablaban del año 2025, los retrasos acumulados en la fase de diseño preliminar y contractual, ya poner como fecha más próxima posible el año de 2027, fecha para la cual las fragatas Padilla acumularan 44 años de servicio y unos 12 años desde su última modernización.



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