Venezuela la dupla F-16 y Su-30, el factor disuasivo
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Venezuela la dupla F-16 y Su-30, el factor disuasivo

Cazas F-16 de la Aviación Militar de Venezuela. Foto AVN
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(Infodefensa.com)

Desde finales de la década de los años &39;40 del siglo pasado, la Aviación Militar venezolana se ha mantenido entre las más avanzadas de Latinoamérica. En diciembre de 1949, recibió los primeros cazas de Havilland Vampire convirtiéndose en la segunda fuerza aérea latinoamericana, detrás de la argentina, en contar con aviones a reacción y, a partir de entonces, procuró dotarse, en cuanto a aviones de combate se refiere, de los más avanzados modelos occidentales que se ofrecían a terceros países.

Esta situación se mantuvo hasta finales del siglo pasado cuando se produjeron importantes cambios políticos en el país sudamericano, cuando, por un viraje en la concepción geopolítica del gobierno recién instalado y a los vetos impuestos por países occidentales, se reorientaron las adquisiciones militares hacia nuevos “aliados estratégicos”, en especial China y Rusia.

En consecuencia, actualmente el parque de aeronaves de combate de la Aviación Militar Bolivariana, como se denomina oficialmente al componente aéreo de la Fuerza Armada Nacional, está conformado principalmente por modelos rusos y chinos, aunque aún se conserva en operación uno de origen estadounidense. En específico, dispone de cazas Sukhoi Su-30MK2 y Lockheed Martin F-16A/B Block 15 Figthing Falcon, así como de aviones de entrenamiento/ataque ligero Hongdu K-8W Karakorum.

Sukhoi Su-30MK2

 

En julio de 2006, se adquirieron directamente al fabricante ruso Sukhoi 24 cazas Su-30MK2, que comenzaron a recibirse a partir de noviembre siguiente. Con los nuevos aviones se creó un nuevo grupo de Caza y se reemplazaron, en otros, los Dassault Mirage 50EV/50VD.

Los Su-30MK2 operan con el Grupo Aéreo de Caza No 11 con sede en la Base Aeroespacial ‘Capitán Manuel Ríos’, de El Sombrero, estado Guárico, y el Grupo de Caza No 13, destacado en la Base Aérea ‘Teniente Luis del Valle García’, de Barcelona, estado Anzoátegui.    

Con los aviones, se adquirió variedad de armamento guiado y no guiado que incluye, entre otros, misiles crucero KH-59ME; antibuque aire-superficie KH-31A; aire-tierra Kh-31P; aire-aire R-73E y R-27 en distintas variantes; además de bombas guiadas KAB-500KR y cohetes C-8, C-13 y C-25-RPM.  El contrato incluyó, asimismo, la instalación de un centro de entrenamiento de vuelo simulado que fue inaugurado en noviembre de 2019, como informó Infodefensa.com.

En 2019, como también reseñó Infodefensa.com, se contrató a Rosoboronexport la revisión mayor y actualización de los 22 aviones existentes (dos se perdieron en accidentes aéreos), así como la de sus sistemas asociados y de armas, trabajos que adelantan técnicos rusos y venezolanos en el Centro de Mantenimiento Aeronáutico de Oriente, ubicado en la base aérea de Barcelona.

Lockheed Martin F-16

 

En 1981, ante realidades geopolíticas que prevalecían en la región, en el marco de la Guerra Fría, Venezuela solicitó al Gobierno de Estados Unidos el suministro de 24 cazas nuevos F-16 Block 15 Fighting Falcon, 18 F-16A, monoplaza, y seis F-16B, biplaza. La autorización para la venta de los aviones le fue otorgada al fabricante General Dynamics (actual Lockheed Martin), rompiéndose, por primera vez, la postura oficial de no permitir la transferencia de armamento de última generación a los países latinoamericanos. De esa manera, la Fuerza Aérea venezolana se convirtió en la primera de la región en dotarse de aeronaves de combate de cuarta generación, los cuales comenzaron a recibirse a partir de 1983.

Los F-16 conforman la dotación del Grupo Aéreo de Caza No 16, el cual tiene su sede en la base aérea El Libertador´, ubicada en Palo Negro, estado Aragua.

A mediados de los años 90, los F-16 fueron dotados, entre otros sistemas, de un contendedor de designación de blancos PGM (Precision Guide Monitor) Rafael Litening I y, a finales de esa década, Samsung transformó las turbinas Pratt & Whitney F100-PW-200 a la versión F100-PW-220.

Posteriormente, en 2005, la Aviación Militar acometió un proceso de actualización de sus F-16 el cual le fue confiado a varias empresas, especialmente, a la belga Sabca, la revisión mayor de los aviones, y a Elbit Systems, la modernización de los sistemas electrónicos y la integración de los misiles aire-aire Rafael Python IV. No obstante, los trabajos fueron suspendidos ya que las empresas extranjeras fueron obligadas a retirarse por presiones del Gobierno de Estados Unidos, que para esas fechas había impuesto un veto a la transferencia de material y tecnología militar a Venezuela.

Debido a tal circunstancia, la Aviación Militar venezolana realiza grandes esfuerzos para mantener operativos a sus F-16, que en la actualidad suman 19 unidades porque, a lo largo de 38 años de servicio, tres se han perdido en accidentes y dos han sido retirados de la línea de vuelo y actualmente se exhiben como piezas estáticas. 

Hongdu K-8W

 

La Aviación Militar dispone de 24 aviones Hongdu K-8W Karakorum, recibidos a partir de 2009, repartidos entre el Grupo Aéreo de Caza Nº 12 con sede en la Base Aérea Teniente Vicente Landaeta Gil´, localizada en Barquisimeto, estado Lara, y el Grupo Aéreo de Operaciones Especiales Nº 15, ubicado en la Base Aérea General en Jefe Rafael Urdaneta´, con asiento en Maracaibo, estado Zulia, donde, además, tiene su sede el centro de entrenamiento de vuelo simulado para ese sistema de aeronaves.  

El K-8W es un avión de entrenamiento biplaza y ataque ligero fabricado por la empresa china Hongdu Aviation Industry Corporation. Es impulsado, en el modelo adoptado por Venezuela, por una turbina Ivchenko AI-25TLK que le permite alcanzar una velocidad máxima operativa de 800 km/h y siendo su radio de acción 375 km. Dispone de un cañón de 23 mm en barquilla (pod) instalado sobre el punto central del fuselaje, además de cinco puntos de anclaje bajo las alas, para cargar hasta cuatro bombas de 250 kg, misiles aire-aire o pods lanzacohetes de 57 mm.

La adopción del K-8W se debió a la compra frustrada, en 2005, de hasta 36 Embraer EMB-314 Super Tucano, operación que fue vetada por Estados Unidos por tener esos aparatos de fabricación brasileña componentes estadounidenses y con los cuales, entre otros fines, se iban a reemplazar a los aviones de apoyo táctico Rockwell OV-1A/E Bronco en el Grupo No 10.

En la actualidad los K-8W, cumplen dualidad de funciones, en el Grupo No 15 como avión de apoyo táctico y, en el Grupo No 12, una transitoria que es la de entrenador de pilotos de combate función que cumplirán hasta tanto no sean sustituidos por un Lead-In Fighter Trainer (Lift), debido a que esa unidad funge también como Escuela de Caza. Una vez que eso se concrete, todos los K-8W se concentrarán en el Grupo No 10.

Planes

 

En los últimos doce años son varios los planes de la Aviación Militar venezolana que han trascendido por vía oficial o a través de la industria aeronáutica internacional, y son, al menos tres, los que se refieren a la aviación de combate.  

El plan de más antigua data, quizás, es el de completamiento de la flota de cazas Sukhoi Su-30MK2 a 36 unidades, lo cual esta previsto desde 2006 cuando se adquirieron las primeras 24. En 2015, las autoridades militares venezolanas informaron sobre la autorización de los fondos para acometer ese proyecto conjuntamente con el mantenimiento mayor modernización de los aviones existentes, aparte que el consorcio estatal ruso Rostec confirmó que se estaban llegando a cabo las negociaciones. Sin embargo, a la fecha, solamente se ha realizado lo referente a la revisión mayor y actualización.

También en 2006, Venezuela manifestó su deseo de adquirir el caza ruso de cuarta generación (o cuarta generación plus plus) Sukhoi Su-35, para entonces en etapa de prueba. Ese interés que se formalizó ante las autoridades rusas a finales de 2012; no obstante, en los últimos tiempos no ha trascendido nueva información al respecto. Aunque no se precisó de manera oficial, se entendió que con el Su-35 se pretendía reemplazar al F-16 y, a ese respecto, también se han mencionado otros candidatos como el Chengdu J-10.

Una de las necesidades prioritarias de la Aviación Militar es disponer de un avión de entrenamiento avanzado de combate/ataque ligero y, con ese propósito, desde la primera década del siglo actual, se han evaluado varios modelos. Sin embargo, desde 2009, el interés se ha centrado en el tipo Lead-In Fighter Trainer (Lift) Hongdu L-15 Falcon, supersónico, incluso, en 2015, se anunció oficialmente su adquisición, pero a la fecha no se ha concretado. El L-15 asumiría el rol que cumplen en el Grupo 12, desde 2010, los K-8W tras el retiro obligado de los cazas Canadair/Northrop CF-5A/D debido a la dificultad de obtener repuestos por el veto impuesto por Estados Unidos.

Finalmente, hay que sumar otro requerimiento concerniente a la aviación de combate: la de plataformas aéreas para el reabastecimiento en vuelo de aeronaves, capacidades de las que carece actualmente la Aviación Militar venezolana desde la desincorporación, años atrás, de los dos Boeing 707-320C, que cumplían esas tareas. En un momento se conoció sobre la eventual compra de dos Ilyushin Il-78M, pero se desconoce el estado actual del proyecto.

Cazas Sukhoi Su-30MK2. Foto: Aviación Militar de Venezuela

 



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