El Sáhara Occidental: una visión hacia el futuro
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El Sáhara Occidental: una visión hacia el futuro

Saharauis tratando de derribar las alambradas marroquíes junto al muro (Ginés Soriano Forte)05
Saharauis tratan de derribar las alambradas marroquíes junto al muro. Foto: GS Forte
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(Especial Global Affairs/UNAV para Infodefensa.com) Cuando la situación sobre el terreno tanto en el Sáhara Occidental como en la vecindad entre Argelia y Marruecos no hace sino enrarecerse, se hace obligado exponer el estado la cuestión en relación con el conflicto no resuelto en el primero de los escenarios y avanzar en cuanto a las expectativas de futuro. El deterioro de la situación se arrastra desde años atrás, pero se acelera en tiempos recientes generando aún más frustración en cuanto al futuro del Sáhara Occidental y más preocupación ante el incremento de la tensión entre Argelia y Marruecos.

En el Sáhara Occidental hace muchos años que se abandonó por parte de diversos actores la apuesta por la fórmula de un referéndum, referencia a la que prácticamente no se alude desde 2005 y, desde entonces, a lo que hemos asistido es, por una parte, al intento por parte de Marruecos de convencer al resto del mundo de que la solución pasa por el reconocimiento de la marroquinidad del Sáhara y, por otra parte, a los esfuerzos desde el seno de las Organización de las Naciones Unidas (ONU) y desde ámbitos nacionales y regionales de acercar a las partes en la ilusoria esperanza de que alcancen una solución negociada.

La frustración diplomática

Siendo el Sáhara Occidental uno de los once territorios no autónomos cuyo estatuto definitivo está pendiente de definición, y siendo la ONU el marco central para del tratamiento de este conflicto, bueno es observar la evolución de la gestión del mismo en tal dimensión. Aparte de las renovaciones anuales del Mandato de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (Minurso), la última con la Resolución 2602 de 29 de octubre de 2021, la visibilidad de la Organización se refleja en la labor del Enviado Especial de la misma para el conflicto no resuelto, y es ilustrativo comprobar que entre mayo de 2019 y noviembre de 2021 dicho puesto había quedado vacante.

El 1 de noviembre de 2021 el diplomático italo-sueco Staffan de Mistoura asumía el cargo, uno más a añadir a sus experiencias previas en Afganistán, Irak y Siria. Sus predecesores hicieron esfuerzos, todos baldíos, sobresaliendo entre ellos los de James Baker III, antiguo secretario de Estado de los EEUU que, desde 1997 y hasta tirar la toalla en 2004, fue el artífice de dos planes. El primero, luego llamado Baker I, ofrecía la autonomía a los saharauis dentro del Estado marroquí y fue rechazado por aquellos, y el Baker II, más elaborado y equilibrado, ofrecía en 2003 un autogobierno de cinco años (incorporando en él a pobladores de los llegados tras la ocupación marroquí) y un referéndum tras dicha etapa previa, que rechazó Marruecos. Aunque había el elemento tranquilizador para Rabat de incluir como votantes a los colonos en principio afines, y aunque el Consejo de Seguridad de la ONU llegó a aprobar el Plan Baker II, Rabat no quiso arriesgarse ante la eventualidad de sufrir una sorpresa pues el referéndum iba a ofrecer la posibilidad de la independencia del territorio y también porque ese período de un lustro podía encerrar riesgos en cuanto a los perfiles de los miembros de ese gobierno transitorio.

Enviados posteriores fueron cayendo en el agotamiento o bien fueron cuestionados por Marruecos y destituidos –como fuera el caso del estadounidense Christopher Ross, quien pidiera en 2012 una mejora de los derechos humanos en la parte ocupada por Marruecos– y así hasta mayo de 2019. El último de los nombrados antes de la crisis y posterior vacío creado en 2019 fue el expresidente alemán Horst Köhler, nombrado en 2017 y que logró al menos en sus dos años de misión que las partes volvieran a la mesa de conversaciones, pero que acabó tirando la toalla que ahora ha recogido Staffan de Mistoura.

La exposición de este recorrido en lo que a la dimensión diplomática respecta es importante de cara a explorar el futuro porque de él ya extraemos varias lecciones aprendidas. La primera es que el escenario del referéndum es desechado dada la obstaculización desde antiguo por la parte marroquí, que desde 2007 apuesta por la fórmula, atractiva para los más desconocedores del asunto, de una autonomía supuestamente amplia pero que excluiría de principio los temas de soberanía, es decir, la política exterior y la de defensa. La segunda, y que fue la fórmula ofrecida por el propio Baker tras el fracaso de su primera propuesta, la de la partición del territorio, aunque también inviable porque no la aceptan los saharauis por injusta ni tampoco los marroquíes por incompleta, porque suele aparecer en escena cuando la frustración acumulada hasta ahora y que se seguirá arrastrando lleva a algunos actores a apostar perezosamente por ella (como se ha hecho irresponsablemente en conflictos posteriores como los de Libia y de Siria a partir de 2011 y 2012 respectivamente).

Por supuesto, si muchos actores consideran totalmente inviable que se vaya a realizar un referéndum, hace tiempo que se congelaron los trabajos para seguir manteniendo actualizado un censo de la población, cuestión por supuesto delicada y que en los años iniciales atrajo interés. En la actualidad hay quien considera incluso que lo lógico sería cambiar la denominación de la Minurso, que en el fondo no es ya sino una herramienta de interposición de la ONU para evitar que las partes vuelvan a los combates, y más desde que el Frente Polisario rompió el alto el fuego en octubre de 2020 como veremos en el siguiente epígrafe. Pero, dado lo delicado y lo frustrante de la situación, la última renovación del Mandato de la Minurso sigue manteniendo la ficción que su nombre representa.

Si desde la ONU no se ha podido dinamizar el proceso, tampoco se ha conseguido en el foro continental, la Unión Africana (UA), y menos se va a poder hacer en el futuro tras el regreso a dicho marco de Marruecos en enero de 2017 tras haberlo abandonado en 1984 –su entonces predecesora la Organización para la Unidad Africana (OUA)– precisamente por aceptar ésta a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) como miembro de pleno derecho. Marruecos, desde su vuelta, está avanzando en su estrategia de reducir los reconocimientos africanos a la RASD, combinando presión diplomática y económica. Cuando en la Cumbre de la UA de febrero de 2020 el presidente argelino Abdelmajid Tebboune, con el apoyo del presidente rotatorio de la propia UA, el surafricano Cyril Ramaphosa, pidió al secretario general de la ONU la reactivación de tema, este doble intento no produjo resultado alguno.

Y a ello, hemos de añadir los escasos avances en términos dinamizadores desde el tercer foro multilateral a considerar: la Unión Europea (UE). Esta, que considera a Marruecos Socio Preferente que disfruta de un Estatuto Avanzado desde 2008, nada dinamiza en la dimensión diplomática, pues en su seno Francia es firme valedora de la fórmula marroquí de solución, pero sí despierta expectativas en el ámbito judicial. En efecto su Tribunal de Justicia dictaba sentencias favorables a la parte saharaui tanto el 21 de diciembre de 2016 como ahora el de 29 de septiembre de 2021, y ello en relación con la aplicación de sus protocolos comerciales y pesqueros firmados con Marruecos en 2019 y el tratamiento de productos procedentes del Sáhara Occidental en ambos ámbitos. Pero tales sentencias del Tribunal General de la UE de Luxemburgo acaban siendo recurridas, contando entre los recurrentes a Estados miembros de la Unión con intereses comerciales y pesqueros, y el inicial empuje jurídico favorable acaba evaporándose en la dimensión de la política.

Para culminar esta primera aproximación a la dimensión diplomática, y con enorme impacto en el presente y en el futuro, hemos de evocar el paso dado por el presidente Donald Trump el 10 de diciembre de 2020, anunciando vía un primer tweet el reconocimiento de la marroquinidad del Sáhara, alterando con ello un statu quo caracterizado hasta entonces por el bloqueo y la comprensible frustración en la dimensión diplomática y por un deterioro progresivo de la situación de seguridad en las etapas más recientes que exploraremos en el siguiente epígrafe. En un segundo tweet segundos después, el presidente estadounidense anunciaba también la normalización de relaciones entre Marruecos e Israel, insertando con ello de lleno este conflicto en el marco de la competición entre las grandes potencias que caracteriza al mundo actual, y que caracterizará previsiblemente el futuro más inmediato también en el escenario mediterráneo y africano tratado.

Deterioro de la situación en términos de seguridad en los últimos años

Un antecedente importante que mostraba las complejidades internas de un proceso que para muchos aparece controlado con firmeza por parte de Marruecos fue el episodio de la, en realidad, primera de las revueltas que estallaron entre el otoño de 2010 y los primeros meses de 2011 en algunos escenarios árabes y que algunos calificaron ingenuamente como Primaveras Árabes: la protesta de GdeimIzik y su evolución. Entre octubre y noviembre de 2010 varios miles de habitantes del Sáhara Occidental, hasta 20.000 según diversas fuentes, se concentraron en dicho lugar, en las proximidades de El Aaiún, y durante casi dos semanas mantuvieron una protesta en la que se exigían mejoras sociales, y que gozó de una buena cobertura mediática a pesar de producirse en un territorio ocupado. Los concentrados no podían ser acusados por Marruecos de ser agentes del Frente Polisario pues ni sus eslóganes eran independentistas ni aparecían banderas de la RASD. De lo que se trataba a fi n de cuentas era de que adquiriera visibilidad la situación interna en el territorio, con ocupantes de varias categorías como realidad a añadir a la de la población saharaui viviendo en dicha porción de territorio, que acumulaban algunos de ellos agravios, en particular los primeros en llegar, a partir de mediados de los años setenta del siglo XX, en relación con los que Marruecos había ido enviando desde entonces procedentes de diversas regiones del Reino para asegurarse poblacionalmente el territorio ocupado. Precisamente esta realidad sobre el terreno, de la que poco se ha hablado en el pasado y que Marruecos procura evitar, y que es la de tensiones internas en el territorio ocupado, puede permitirnos entender mejor el rechazo marroquí en su momento al Plan Baker II.

Diez años después, y tras una década de consolidación marroquí de posiciones sobre el terreno y también en el escenario exterior –tanto el africano (UA) como el universal (ONU)–, el 13 de octubre de 2020 efectivos de las Fuerzas Armadas Reales (FAR) marroquíes penetraban en el paso de Guerguerat, entre el Sáhara Occidental y Mauritania, donde ya tres años atrás se había producido otro escenario de crisis. Entonces no llevó a la escalada armada entre las partes, pero el incidente de ahora, en 2020, sí ha mostrado que el riesgo de volver a la guerra es real. Y más aún lo es si tenemos en cuenta que, en paralelo, la tensión entre Argelia y Marruecos se hace cada vez más preocupante.

El incidente de Guerguerat se producía cuando saharauis originarios de la población de Auserd, en territorio ocupado por Marruecos, obstaculizaban el paso en la carretera de Guerguerat a camiones marroquíes que se dirigían a territorio mauritano tras pasar una aduana instalada ilegalmente por Marruecos desde años atrás. Este punto es neurálgico porque, aparte del territorio mauritano, coincide también en él el extremo del muro de 2.700 kilómetros que en varios tramos y diseños ha construido Marruecos a partir de 1980 y que consiguió darle ventaja en su conflicto armado con el Ejército Popular de Liberación Saharaui (EPLS), el brazo armado del Frente Polisario.

El mismo día 13, el Frente Polisario declaraba roto el alto el fuego vigente desde 1991 en aplicación de la Resolución 690 (1991). Aquella arquitectura jurídica y política hilvanada entre 1988 y 1991, años en los que se logró tanto el alto el fuego como la aproximación entre ambas partes, que acordaron un Plan de Arreglo que incluía el referéndum y para cuya supervisión y protección se creaba la Minurso, pasaba a estar en peligro como nunca antes lo había estado en los treinta años pasados desde entonces. El Frente Polisario tomaba tan dramática decisión no solo por la situación generada, sino también porque los efectivos de las FAR que habían intervenido en el desalojo de los saharauis concentrados mostraban tras el mismo su intención de establecerse de forma permanente en una zona considerada por los Acuerdos de Alto el Fuego y Plan de Arreglo como tierra de nadie. A partir de ese momento, desde noviembre de 2020 y a lo largo de 2021, la situación no ha hecho sino deteriorarse, desafiando la legalidad internacional que se había confirmaba poco después de que ocurriera el incidente con la aprobación por el Consejo de Seguridad de la ONU de la Resolución 2548 (30 de octubre de 2020) válida hasta el 30 de octubre de 2021. La situación no ha hecho sino dificultar también la labor de los 461 efectivos de la Minurso que se cifraban en aquellas fechas en 245 militares y 216 civiles.

En este tiempo, también hemos de incorporar a nuestro recorrido tanto la tensión creciente en el terreno como el tratamiento mediático del mismo por las dos partes –marroquíes y saharauis– y también por la tercera parte a considerar, la argelina. En diciembre de 2020 la prensa argelina informaba de que Marruecos construía un muro defensivo alrededor de la ciudad de Smara argumentando que, con ello, la potencia ocupante evidenciaba las dificultades que sufría frente al hostigamiento militar por parte del EPLS.

A lo largo de 2021, la tensión no ha hecho sino incrementarse, haciéndolo también la bilateral argelino-marroquí con incidentes como el de El Arja, localidad fronteriza argelina de la que fueron expulsados trabajadores marroquíes en marzo de 2021. En abril moría, por efecto de un ataque con un dron marroquí, el jefe de la Gendarmería Nacional saharaui, Adah El Bandir, en la zona de Tifariti y durante un enfrentamiento con las FAR. El 23 de junio, el Ministerio de Defensa de la RASD emitía un parte de guerra indicando que el EPLS había realizado ataques contra posiciones marroquíes en el sector de Mahbes y en la región de Laaydiate, pero no se daban datos de bajas, como tampoco se han dado en comunicaciones similares o en otras emitidas por Marruecos o por medios marroquíes, habiendo en realidad poca información contrastada sobre el conflicto.

Protectorado espau00f1ol y colonias en el norte de u00c1frica [Wikipedia]

Protectorado español y colonias en el norte de África. Foto: Wikipedia.

El 1 de noviembre, sí se producía en cambio un ataque, de nuevo con dron, contra tres camiones argelinos en una zona próxima a Bir Lahlou, en la zona bajo el control del Frente Polisario pero limítrofe con territorio mauritano, ataque que Argelia denunció ante la ONU, la UA y la Liga Árabe y en el que murieron tres nacionales.Tales ataques, y rumores no confirmados sobre otros realizados por una y otra parte, no hacen sino incrementar la tensión sobre el terreno, con potenciales consecuencias regionales. Mientras medios marroquíes aludían en dicho contexto a la muerte violenta de dos camioneros marroquíes en el norte de Malí en el verano, medios argelinos lo hacían a la muerte de un militar al estallar un artefacto explosivo improvisado en las proximidades de la frontera marroquí en la región argelina de Tlemcen a mediados de octubre.

La tensión se hace multidimensional

Reabierto formalmente el conflicto armado, aunque con una incidencia escasa y con información y desinformación abundante de mano de las partes implicadas, debemos de señalar un riesgo de escalada preocupante porque no se había vivido momento similar y con tal intensidad en los treinta años transcurridos desde 1991. Y ello es así porque, nunca antes, la tensión argelino-marroquí había alcanzado el nivel actual, también en dimensiones político-diplomáticas y legales que sirven para hacernos una idea de las complejidades del conflicto en términos de presente y de futuro. En la dimensión político-diplomática, hemos de destacar la evolución de los reconocimientos de la RASD y la labor de Marruecos para atraer hacia su postura al máximo número de estados del mundo. La RASD tiene ochenta y cuatro reconocimientos, con oscilaciones en tiempos recientes, en general en perjuicio de los saharauis y en beneficio de Marruecos debido a la intensa y en buena medida exitosa ofensiva diplomática y también económica de este. En el mundo árabe, la ofensiva marroquí es claramente exitosa. Aparte de la apertura de varios consulados en El Aaiún o en Dakhla (antigua Villa Cisneros) por Bahréin, Emiratos Árabes Unidos o Kuwait, destaca que el 25 de octubre de 2021, Arabia Saudí y Jordania apoyaron a Marruecos en el seno de la IV Comisión de la Asamblea General de la ONU, precisamente la que se ocupa de los asuntos de descolonización. Intensa es la labor diplomática de Marruecos en Iberoamérica, en tiempos un fértil espacio para la diplomacia saharaui. Panamá, por ejemplo, mantiene un reconocimiento de la RASD que se visualizaba con el breve encuentro entre el Rey Felipe y el líder saharaui Brahim Ghali durante la visita real en 2019, pero otros países iberoamericanos –Bolivia, Colombia, Haití o El Salvador– oscilan o han mostrado cierta predisposición a hacerlo. Colombia en concreto decidía en el verano de 2021, y confirmaba en declaración posterior de 3 de noviembre de su vicepresidenta y ministra de Asuntos Exteriores, Marta Lucía Ramírez, extender sus servicios consulares en el Reino al territorio del Sáhara. Antes de dicha decisión colombiana, tanto El Salvador como Bolivia habían roto sus relaciones con la RASD. Y ya en sentido contrario, y en 2021, el nuevo Gobierno izquierdista del presidente Castillo en Perú decidía reconocer a la RASD.

E importante es también destacar el esfuerzo diplomático marroquí en lo que a la UE y a sus Estados miembros respecta. Marruecos destaca últimamente por su labor de aproximación y de influencia en relación con países centroeuropeos, en particular con los del llamado Grupo de Visegrado, comenzando por la presidencia rotatoria actual del mismo: Hungría. En junio de 2021, el Ministerio de Asuntos Exteriores y Comercio húngaro realizaba una declaración formal apoyando el plan marroquí de autonomía tras la visita oficial de su ministro Peter Szijjarto a Rabat el 9 de dicho mes. Es este un importante primer paso, asumiendo también que ningún Estado miembro de la UE ni la Unión como tal se refieren en ningún momento a la fi gura del referéndum, hablándose en general en términos como “la deseable búsqueda de una solución pactada” o una “solución mutuamente aceptable, pragmática y realista”.

En la dimensión legal, destacamos dos situaciones sobrevenidas con consecuencias. Por un lado, y con la culminación del Brexit, el Reino Unido procedía a firmar un acuerdo bilateral de asociación con el Reino de Marruecos en el que reconoce como parte del mismo el territorio y las aguas del Sáhara Occidental a todos los efectos. Y en relación con la decisión del presidente Trump reconociendo la marroquinidad del Sáhara y la sucesión de este por el presidente Joe Biden, esta llevaba a algunos actores legales a pedir una reconsideración de la situación en la dimensión tratada, destacándose la solicitud que el Colegio de Abogados de Nueva York hizo a la nueva administración en junio de 2021. El que la decisión estadounidense dista de estar aún consolidada lo demuestran dos realidades. Una es la oposición de la Cámara de Representantes de los EEUU el 20 de octubre a autorizar la apertura de un consulado estadounidense en Dakhla. Y la otra, el hecho de que durante la visita oficial del ministro marroquí de Asuntos Exteriores y Cooperación Nasser Burita a los EEUU, no obtuvo en su reunión con su homólogo Anthony Blinken, el pasado 22 de noviembre, un reconocimiento claro de la marroquinidad del Sáhara. Blinken aludía a los “serios esfuerzos” de Marruecos en relación con el Sáhara Occidental, como más recientemente se ha escuchado de la ministra de Asuntos Exteriores del nuevo Gobierno alemán, pero eso no permite afirmar con rotundidad que hay posicionamientos claros de uno u otro país, o cuando menos de voluntad de consolidar sus aparentes aproximaciones a la posición de Marruecos en detrimento del tradicional apoyo de ambos a la legalidad internacional mantenido hasta ahora.

Pero, si hay en la dimensión judicial un hito a destacar, por esperado y por sus posibles efectos, este ha sido la emisión de la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE de noviembre de 2021 que, como la anterior de 2016, y aunque luego recurridas ambas por algunos estados miembros y por otros actores, marroquíes o no, establecía que los condicionantes aplicados a todo territorio no autónomo, entre ellos el Sáhara Occidental, deben ser respetados, en particular la no explotación por la potencia ocupante de sus riquezas, salvo que se compruebe que los frutos de esta explotación benefician a la población del territorio.

Recordemos finalmente que, durante la aprobación de la última Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU relativa al territorio, la 2602 (2021) de 29 de octubre Túnez, tradicional apoyo de Marruecos, se abstenía, como también lo hacía la Federación Rusa, mostrando con ello la complejidad del tema en términos diplomáticos. Y de la vigencia de la tensión aquí analizada daba fe la dura crítica posterior de Argelia a la resolución aprobada, siendo esta la primera ocasión en la larga historia de las resoluciones de renovación del mandato de la Minurso, en que se ha acusado al documento de ser favorable a una de las partes en conflicto y por tanto desequilibrado.

Divisiu00f3n de tanques del Eju00e9rcito de Liberaciu00f3n Popular Saharaui, 2010 [SODivane]

División de tanques del Ejército de Liberación Popular Saharaui, 2010. Foto: SODivane.

Conclusiones

Vista la evolución de los acontecimientos, y considerando la situación en términos regionales y globales, podemos concluir que, ante la escasa receptividad a la fórmula de la celebración de un referéndum de autodeterminación, la situación es y seguirá siendo de permanente bloqueo, y ello cuando se ve agravada en tiempos recientes con derivas que hacen peligrar el statu quo hasta ahora imperante.

No habiendo sido nunca tal statu quo tranquilizador, y ello porque ayudaba a congelar y no a resolver un conflicto, sí es cierto que, para muchos, era un marco cuando menos garante de una ahora añorada estabilidad. Y esto era así para quienes consideraban a este como un conflicto no resuelto, pero de carácter marginal, sin atisbos de que su no resolución pudiera algún día llevar a la escalada y a poner en peligro la seguridad de toda la región. Hoy la región está en tensión por la muy negativa evolución de las relaciones entre Argelia y Marruecos, y el conflicto no resuelto del Sáhara Occidental bien podría convertirse en el detonante de un enfrentamiento mayor. La consideración de tal realidad es más urgente que nunca, sobre todo en momentos en los que Marruecos está apostando fuerte en relación con el Sáhara Occidental, pero también con otros frentes abiertos, en particular con España, y se presenta como un actor de gran ambición, y cuando Argelia, a pesar de que pueda estar atravesando dificultades internas, asume que su papel de líder regional se ve desafiado en varios escenarios y por varios actores, siendo en dicha dimensión Marruecos el que más desafíos le ha planteado en perspectiva histórica.

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