El presupuesto de Defensa y el baile de cifras
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El presupuesto de Defensa y el baile de cifras

Ministra de defensa margarita robles (2)
La ministra de Defensa, Margarita Robles, en una acto reciente. Foto: MDE
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Dicen que un coronel de Caballería tenía que distribuir 28 caballos entre sus 7 escuadrones. Usando un ingenioso juego de números el coronel calculó que cada capitán recibiría 13 caballos. Una realidad imposible pero que con juegos de números todo el regimiento justificó y aceptó. Con los números se puede jugar.

Estas últimas semanas hemos visto un juego de cifras curioso en torno al presupuesto de Defensa. En el Congreso la ministra de Defensa, Margarita Robles, habló del 1,22% sobre PIB y dijo que “por razones obvias” en España nunca llegaremos al 2%. A su vez introducía el debate sobre lo que en OTAN se conoce como 3C (cash, contributions and capabilities). Es decir, alcanzar el 2% sobre PIB de los que al menos el 20% deben ser inversiones reales, valorando también la contribución de fuerzas y la aportación al conjunto de capacidades aliadas.

Unos días después, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una cadena de televisión, mostró su intención de alcanzar progresivamente el 2% que pide la Alianza, y aseguró que Europa tiene que tomar nota de lo que está pasando para reforzar su defensa incluida la potenciación industrial. España también debería tomar nota, añadimos. Sobre cifras, Sánchez dijo que estábamos en un 1,4% sobre PIB y manifestó su voluntad de incrementar la partida de defensa en los presupuestos de 2023.

Más allá de la diferencia de criterio que pudieran mostrar estas intervenciones sobre la posibilidad de incrementar el presupuesto de defensa, y de la incertidumbre de alcanzar un acuerdo político para los próximos presupuestos, la realidad española es la que es.

Hay distintos criterios de contabilización de esfuerzo en defensa en relación al PIB. El criterio OTAN nos llevaría a la cifra del 1,2% utilizada por la ministra. El SIPRI utiliza un criterio más amplio y da para España el 1,4% usado por el presidente. Es un debate vano. Entre otras cosas porque si baja el PIB y se mantiene el volumen, el porcentaje sube. En todo caso, el índice mediría nuestra capacidad para incrementar las inversiones en defensa. Parece que hay margen desde ese punto de vista.

Sin embargo, por razones que no nos parecen tan evidentes, se trata de un problema de voluntad política. El actual presupuesto consolidado para el Ministerio de Defensa ronda los 11.000 millones de euros. Siendo optimistas estaríamos hablando de un 3% sobre el total de los presupuestos generales del Estado que es donde los gobiernos marcan las prioridades de las diferentes políticas públicas.

El 8 de marzo el Gobierno aprobó un “plan de igualdad” hasta 2025 dotado con 21.000 millones y que, por tanto, recibirá cada año una dotación equivalente a casi el 50% de lo que recibe Defensa. Ese mismo día el gobierno aprobó una dotación de 570 millones con cargo al fondo de contingencia para atender a las necesidades de operaciones autorizadas en diciembre de 2021. Más significativa fue la aprobación en el mismo Consejo de Ministros de una nueva reprogramación para atender compromisos de los programas especiales de modernización.

Esta última, aunque adoptada tras la invasión de Ucrania, ya se había planteado tiempo atrás. Supone una novedad puesto que permite reasignar 550 millones de euros comprometidos y derivarlos a financiar necesidades de sostenimiento de los Ejércitos que estaban manifiestamente infradotadas. No hay causa-efecto entre el ataque ruso y esta medida.

Sí la hay en una dotación inicial insuficiente para atender unas necesidades que son básicas y cuya cruda realidad se habría manifestado por los responsables militares preocupados por los niveles de financiación que recibían para mantener en condición operativa los medios en servicio y garantizar la preparación operativa de las unidades. En cualquier caso, no se altera el volumen total de presupuesto disponible y simplemente se permite respirar un poco. Pero solo este año, porque la medida no afecta a las previsiones para los próximos tres años que seguirán lastradas por el pago de compromisos.

Si el actual presupuesto consolidado se toma como base para atender a necesidades de preparación, sostenimiento y empleo de fuerzas militares, y se complementa con un plan para abordar los pagos comprometidos e impulsar el desarrollo industrial es posible reforzar nuestra defensa, apoyar a la industria y cumplir los compromisos internacionales, incluido el último de Versalles, dentro de las posibilidades de la economía nacional. Solo hace falta voluntad política.

Mientras tanto seguiremos poniendo parches, haciendo juegos de suma cero y recurriendo a juegos contables o matemáticos para repartir los caballos.



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