La proyección internacional de Brasil y2
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Viene de 'La proyección internacional de Brasil (1)'

(Especial IEEE par Infodefensa) -Inés Lucía Orea*- El avance en la integración regional ha supuesto para Brasil una diversificación de sus exportaciones, y ha servido para limitar una tendencia que se adivina peligrosa desde hace tiempo en su economía: su progresiva desindustrialización. En parte debido a la apreciación del Real y en parte por la importante llegada de capital inversor al primer sector, la exportación se ha ido sesgando hacia productos primarios o semimanufacturados en detrimento de bienes con mayor especialización tecnológica y, por tanto, mayor valor añadido.

Esta tendencia a la primarización de las exportaciones frente a la secundarización de sus importaciones puede verse en las Figuras 1 y 2 a continuación y se adivina peligrosa para el desarrollo de la economía brasileña. Como otros países latinoamericanos, Brasil se encuentra frente al dilema del desarrollo y los recursos energéticos: las urgentes necesidades de la población en el corto plazo fuerzan la comercialización de recursos en bruto para conseguir ingresos, y esto deriva en un déficit tecnológico de su sector energético.

Figura 1

Figura 2

La reprimarización puede observarse especialmente en sus relaciones comerciales con China, pero a nivel regional la tendencia se invierte, exportándose principalmente bienes manufacturados. Por tanto, Mercosur supone para Brasil un equilibrio frente a esta reprimarización, que suele significar una mayor vulnerabilidad en tanto que sus precios en el mercado internacional fluctúan más.

En suma, observamos que Suramérica es una oportunidad para Brasil de convertirse en un global player, pero también parece que debiera interesarle ahondar en los proyectos de integración regional, tanto comerciales como políticos y de seguridad. De hecho, conviene atender a las posibles políticas regionales en materia energética, ya que se calcula en miles de millones lo que potencialmente se ahorraría si se decidiera lanzar un proyecto energético común.

Asimismo, existe un desfase entre la percepción de Brasil, que cree ejercer el papel de paymaster regional debe reconocerse que el Bndes ejerce una función principal como inversor y a través de participaciones del Fondo para la Convergencia Estructural y la del resto de países sudamericanos, que consideran que la contribución brasileña es más simbólica que real. Sus vecinos se muestran reticentes a coronarle líder regional en vista de que éste no parece querer perder autonomía por ejercer ese liderazgo. Salvo con Sudáfrica, estas reservas se repiten en las aspiraciones regionales del resto de BRICS.

Proyección Internacional de Brasil

Brasil busca ejercer un ‘liderazgo normativo’ a nivel internacional, esto es, desea participar en la regulación del orden mundial con idea de modificarlo para hacerlo más justo e inclusivo. Por un lado, busca más espacio en organismos internacionales planteándose como posible legitimador del sistema en conjunto, y por otro, a nivel regional, plantea a sus vecinos continentales dos opciones: quedar en segundo plano cada uno por separado, o aceptar en cierta medida su hegemonía y unirse a una estrategia internacional bajo su capa.

Brasil comienza a tener un perfil más alto en la política internacional en la época de

Cardoso, pero es con Lula cuando se consolida la estrategia que sigue hoy.

Su buscado liderazgo regional parece poder elevarlo a la categoría de global player. Y paralelamente, encontramos dos hitos cruciales que le dan la oportunidad de emprender un nuevo papel en el sistema internacional.

La Ronda de Doha

El primer hito tiene lugar durante las negociaciones de Doha, que querían impulsar el desarrollo económico y acordar medidas comerciales a nivel internacional. Éstas se desarrollan en el seno de la Organización Mundial del Comercio y se diferencian de las de otros organismos en que todos los países tienen capacidad de veto, siendo lo acordado aplicable a todos. Aunque esto se supone permite dar voz a los países con menor poder relativo, se traduce con frecuencia en mayores dificultades para alcanzar un acuerdo. Los países con menor poder de negociación tampoco terminan de igualarse: un fracaso en las negociaciones multilaterales supone un avance de las negociaciones regionales y bilaterales. Estos países pueden así quedar excluidos, o, en el caso de los acuerdos bilaterales, arriesgarse a tener menor peso de negociación.

En suma, todas las partes tienen interés en avanzar en las negociaciones multilaterales, pero no a cualquier precio. Dos asuntos centrales que habían sido ya conflictivos en la Ronda de Uruguay eran la liberalización de la agricultura y la del sector servicios. Mientras que los países en desarrollo pedían la liberalización de la agricultura, Estados Unidos y la UE buscaban avanzar en la de los servicios, donde son mucho más competitivos. Si bien existen más puntos de choque que podrían traerse a colación aquí, no se busca hacer una evaluación de las negociaciones, sino mostrar un cisma importante que fue un impasse a la hora de conciliar medidas.

En Uruguay los países en desarrollo cedieron a muchas de las medidas propuestas, pero en Doha un grupo de países, liderados por India y Brasil, actuaron como tope a las peticiones de los países ricos para solicitar unos arreglos más equilibrados, que tuvieran en cuenta las diferencias económicas entre países y el significativo problema de la pobreza. Brasil y la India eran ejemplos de economías emergentes que parecían sumarse al desarrollo económico, pero en los que convivían la prosperidad y la pobreza extremas. A pesar de que la India tampoco estaba realmente a favor de la liberalización de la agricultura, sector bastante protegido en su economía, compartía con Brasil la voluntad de ganar margen de actuación para combatir la desigualdad y alcanzar el desarrollo económico.

Brasil estaba movido por un oleaje de intereses. Por un lado la defensa de un cierto margen de actuación correspondiente con su modelo de Estado desarrollista, al que una acelerada liberalización podría perjudicar, por otro el interés por liberalizar la agricultura. Y, pese a que no pretendía enteramente ir en representación de otros países, esta situación le brindaba la oportunidad de convertirse en interlocutor de Estados Unidos y de la Unión Europea, legitimado como voz del ‘sur Global’, por lo que sí realzó cuestiones y demandas en nombre del grupo de países que atendieran a esta identidad. Aumenta así el peso del G20 frente al G8, que ya no sólo busca incluir a los nuevos países ‘ricos’ y a un mayor porcentaje de la población mundial, sino que necesita a los emergentes para lograr una mayor legitimidad.

BRICS: Brasil entre los emergentes

El segundo hito se alcanzó tras la elaboración del concepto de BRICS por Goldman Sachs, donde se establecía una lista de economías emergentes y unos pronósticos que apuntaban a que el poder económico se iba a desplazar a estos países; Brasil encabezaba esta lista de futuras promesas. Aunque se trata en sus inicios de una proyección teórica, en 2003 se crea el Foro Trilateral IBSA, en el que India, Brasil y Sudáfrica buscan llegar a compromisos y acuerdos. Más adelante, reforzados por una identidad común como emergentes, se empezaron a reunir los Brics en su totalidad

Aunque se ha especulado mucho sobre esta peculiar coalición y sus inevitables antagonismos, ya sean los intereses divergentes en materia energética o económica, el hecho de que Brasil esté en ese grupo supone ya un reconocimiento de su peso como potencial actor global.

Brasil en su política internacional busca seguir dos valores sur por un lado, y la diplomacia y el derecho internacionales como marcas esenciales en las relaciones internacionales por otro. En parte por la segunda ha tratado de ganarse el papel de mediador en Oriente Medio, donde mantiene buenas relaciones tanto con Palestina, a la que reconoce como Estado, como con Israel, e incluso ha defendido a Irán frente a gran parte de la comunidad internacional en defensa de la utilidad del uranio enriquecido para fines pacíficos, algo que muchos le han criticado duramente.

En cuanto a la cooperación sur, puede decirse que Lula dio un impulso sin precedentes a las relaciones con el continente africano, y que Brasil ha procurado en los últimos años reforzar proyectos de cooperación, así como profundizar en el sistema de preferencias comerciales a nivel global, que favorece el acceso a mercados de productos de países menos desarrollados. Se le ha reprochado que sus proyectos de cooperación obedecen a una estrategia geopolítica por la que Brasil ambiciona coronarse como un líder del sur Global. Esta apuesta ha tenido un importante coste político, y dentro del país muchas son las voces que temían que tal diversificación de relaciones comerciales recayera en costes económicos excesivos frente a la opción, en su opinión más acertada, de ahondar en las ya existentes con la Unión Europea o Estados Unidos.

Se observa en el mapa la diversificación de las exportaciones y la creciente importancia de China.

Una de las aspiraciones principales de la política exterior brasileña es conseguir un asiento permanente en el Consejo de Seguridad 16. Esta ha sido de momento una pretensión truncada, cuyo fracaso refleja a su vez un hecho revelador: entre los países que se oponen a que se haga efectiva esta petición están dos vecinos regionales, México y Argentina, quienes abogan por un modelo en el que se aumenten los miembros no permanentes y se de una mayor rotación. Mientras que México aún compite en ciertos ámbitos por el liderazgo latinoamericano, la actitud de Argentina responde a un no reconocimiento de este país como líder, y a un temor de que deje de lado la representación del ‘sur Global’ para defender cuestiones de interés nacional.

Reflexiones finales

Con Dilma Rousseff las líneas generales y la estrategia de proyección internacional se han mantenido en los últimos años, aunque sí se ha observado un liderazgo de perfil más bajo en materia internacional, acorde con la personalidad y estilo de liderazgo de la presidenta.

Brasil no ha logrado aún dos objetivos que estimaba fundamentales para consolidarse como global player: ni el asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, ni una mayor capacidad de voto en el FMI. Ha querido además albergar eventos deportivos de audiencia internacional, como son el Mundial y los Juegos Olímpicos, que sin embargo han repercutido negativamente en tanto que han supuesto un mayor foco sobre los diferentes problemas domésticos, como la profunda desigualdad y la inseguridad ciudadana.

La actual situación de crisis política agudiza aún más los problemas internos, revelando una corrupción transversal a la clase política que genera una importante desafección ciudadana. El impeachment de Dilma Rousseff no ha ido acompañado de un candidato fuerte que gozara de apoyos suficientes en la Cámara y entre la ciudadanía para asumir de ahora en adelante la presidencia. Es posible que estas cuestiones domésticas bajen el perfil del país en el plano internacional por un tiempo, ya que también su imagen se ha desgastado debido a esta crisis política. No obstante, el establishment brasileiro mantendrá su presencia internacional a flote, y si atendemos a los diversos pronósticos económicos, Brasil va a superar el PIB de Japón en menos de 20 años y su entrada en la OECD parece avecinarse.

Otra cuestión a la que merece la pena atender es cómo evolucionará el regionalismo abierto tras el giro ideológico latinoamericano.

Veremos si en la interacción con el cambio de contexto se vuelven a impulsar en exclusiva experiencias de regionalismo comercial, como Mercosur, o, si por el contrario se asumen como de Estado los proyectos regionales políticos y de seguridad que tienen cabida en Unasur. El liderazgo de Brasil puede ser clave en esta cuestión y en el futuro del regionalismo suramericano.

Asimismo, aparecen como factores contextuales las negociaciones del Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) y los acuerdos del Tratado Transpacífico; la tendencia de trasladar la actividad económica al Pacífico, aunque se debe a las incipientes economías emergentes, amenaza con aislar comercialmente a Brasil.

Veremos si este país seguirá sabiendo impulsar un proyecto geopolítico regional y global que lo mantenga a flote como economía emergente y como global player.

*Graduada Relaciones Internacionales. Analista “El Orden Mundial del s.XXI”.

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