Ciencia, Antártica y Chile: La tríada que consolida el conocimiento desde el Continente Blanco
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Ciencia, Antártica y Chile: La tríada que consolida el conocimiento desde el Continente Blanco

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El continente antártico es el territorio que, desde la segunda mitad del siglo XIX ha despertado mayor interés estratégico entre las naciones, no tan solo por su riqueza inconmensurable en recursos geoestratégicos (hidrocarburos, agua dulce, tierras raras, entre otros) sino que también por su innegable posición geoestratégica, que conecta a los océanos del mundo, siendo un punto a considerar en el desarrollo de nuevas rutas comerciales marítimas y aéreas. 

Posiblemente por su alto valor en el diseño y proyección de la estrategia de las potencias mundiales, es que en 1959 se consensuó la necesidad de proteger al continente blanco y, reconociendo las reclamaciones territoriales de aquella época (Chile, Argentina, Australia, Nueva Zelanda, Francia, Noruega y Reino Unido), declararlo un bien común de la humanidad, área de interés para el desarrollo de la ciencia en beneficio de la humanidad de uso exclusivamente pacífico, en donde está prohibido “toda medida de carácter militar, tal como el establecimiento de bases y fortificaciones militares, la realización de maniobras militares, así como los ensayos de toda clase de armas” (…)” sin embargo reconoce “el empleo de personal o equipo militares para investigación científica o para cualquier otro fin pacífico”¹. 

De esta forma, la presencia de los Estados en Antártica, ha centrado su quehacer en el desarrollo y sostenimiento de misiones científicas, en la búsqueda de producción de patentes tecnológicas² y a través de este en el fortalecimiento de la influencia y Poder Nacional

La irrupción de la Ciencia y Tecnología como factor de construcción del Poder Nacional, surge como la respuesta teórica al cómo proyectar el Estado en aquellas zonas territoriales que, consecuencia de su ambiente lejano, hostil o del régimen jurídico que les gobierna, son de condiciones particulares, es decir: no permiten emprender la demostración o uso del Poder Militar. A esta nueva teoría se le conoce como “Metageopolítica” y su postulado es que, en aquellos territorios de condiciones particulares, se observa el desarrollo de la ciencia y tecnología como factor de Poder, integrando a los componentes del Poder Militar, produciendo efectos de modernización en las Fuerzas Armadas y el desarrollo de nuevos mecanismos de integración intersectorial capaces de posicionar los objetivos e intereses de los Estados manteniendo el respeto por las disposiciones de fondo pactadas en el Derecho Internacional Público que rige dichos territorios. 

De esta forma, la intensidad de la actividad científica antártica, resulta necesaria no sólo para la mejora y/o adecuación de la vida del ser humano frente a fenómenos como el cambio climático, sino que, en un sentido más realista, es importante para medir y proyectar los pesos políticos específicos de los Estados cuando no es posible hacer gala del poderío militar disponible. Asimismo, que las fuerzas armadas se involucren en la actividad de la ciencia en lugares como antártica, les permite el desarrollo del pensamiento y visión estratégica, a la vez que potencia y mejora la integración cívicomilitar. Resulta pues, ineludible que la búsqueda de la experiencia antártica cívicomilitar es para los Estados un atractivo que trasciende más allá de los intereses geopolíticos: es base para el desarrollo de medios, capacidades, cualidades y aptitudes de valor en el desarrollo de las acciones consecuentes para el logro de objetivos y/o la custodia de intereses estratégicos.

Frente a esta mirada de la geopolítica, la condición natural de puerta de entrada al continente blanco, devenida de la posición geográfica de Chile y en ser, efectivamente, uno de los países más cercanos a la Antártica, le consolida como un pivote logístico- operacional natural y le denota en su rol respecto al futuro de las operaciones y actividades antárticas. Así lo advertía, en el siglo XIX, el pensador geopolítico general Ramón Cañas Montalva, quien vaticinaba la providencial misión de Chile respecto a la actividad antártica: posicionarse como el garante de la seguridad del continente y de las misiones que a éste lleguen.

Devenido de este pensamiento geoestratégico, el rol de Chile para la ciencia antártica global es fundamental vinculándose profundamente con la vocación antártica del uso pacífico y la seguridad humana y operacional. Para esto, los más de 60 años de experiencia de las FF.AA. en operaciones antárticas y las décadas de formación y entrenamiento de operadores antárticos nacionales, le ha permitido consolidar capacidades basadas en la integración, uso de nuevas tecnologías y resiliencia, siendo parte ineludible del “Área de Misión: Contribución al Desarrollo Nacional”. Efectivamente, el modelo del Sistema Antártico Nacional, conjuga de forma exitosa el trabajo cívico-militar, permitiendo la integración de cada miembro en funciones diferenciadas, que le dotan de agilidad y resiliencia: dos factores claves para enfrentar los desafíos antárticos, que van desde climas extremos hasta la soledad como factor psicológico.

Finalmente, en un escenario global volátil, la preservación de espacios geográficos como zonas de paz es cada vez más incierta, demandando que actores geoestratégicos como Chile para el caso de Antártica, sean capaces de estar a la vanguardia del conocimiento, ciencia y tecnología, optimizando las oportunidades de reforzar los principios de la cooperación internacional, manteniéndose como verdaderos vigías de estas zonas particulares, cuyos beneficios trascienden generaciones y son esenciales para un futuro con mejores oportunidades.


1- Tratado Antártico, Art. 1° Y 2°. 

2- Además, se observan líneas de investigación en el área de las ciencias biológicas, caso en el cual los descubrimientos sobre los usos y propiedades de la flora y fauna antártica se han vinculado en investigaciones contra el cáncer, desarrollos cosméticos y farmacéuticos.

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